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La piratería digital de libros ya les cuesta 150 millones a las editoriales españolas
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, durante su visita a Nueva York /EFE
España, líder en el sector del libro religioso e infantil
La presencia española en la BEA ha sido pródiga en la promoción de autores como Eduardo Mendoza, Fernando Savater, Antonio Muñoz Molina o Elvira Lindo. Pero de todos ellos sólo Lindo estaría más o menos «en la onda» de lo que ahora mismo pide el mercado lector español en Estados Unidos. Donde España es líder en la exportación de Biblias, de libros religiosos y de libro infantil y juvenil. Tanto vende esto que las grandes editoriales norteamericanas ya están desarrollando sus propias divisiones en español para lanzar estos productos.
El libro español viaja
Exportación global: 400 millones de euros. De ellos, un 55 % va a toda América.
De 800 editoriales, 500 exportan habitualmente un 30 por ciento de su producción.
Exportamos a EE.UU. unos 22 millones de euros sólo en libros (no incluye los servicios, ni la compra-venta de derechos). Debe crecer más.
Hay mucha exportación indirecta -vía China, vía México-sobre todo cuando el euro está muy alto frente al dólar.
La piratería digital cuesta 150 millones de euros al sector en España (un 20 por ciento del volumen de negocio.
El total estimado de pérdidas por piratería cultural es (música, películas) es 1.400 millones al año.
España es el país invitado de la Book Expo America 2010 que se celebra estos días en Nueva York, y lo es por todo lo alto. Ocupa el corazón de la feria y un espacio el doble de grande que el que tuvo el invitado del año pasado (la Liga Árabe), lo cual da fe de que desde ambas orillas se divisa un vasto mercado emergente. Los españoles tienen claro que su peor enemigo para hacerse con él es la piratería digital.
Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) estima en 150 millones de euros las pérdidas que las descargas ilegales generan cada año sólo al sector del libro. Todo, se queja Ávila, por no haber podido, sabido o querido atar cortos a los operadores telefónicos.
Ávila no cita por su nombre a ninguna empresa pero es muy duro con las que «en su publicidad engañosa ofrecen ADSL con todo». «Claro, la gente puede interpretar que todo es todo», observa, incluida la descarga ilegal. Los editores creen que los operadores telefónicos les han cargado a ellos la factura de Internet. «No sólo no se hacen responsables de las descargas ilegales sino que de algún modo ganan con ellas», denuncia. Todo ello en uno de los marcos normativos más laxos de Europa, sigue protestando Ávila.
Ávila insiste en que hay que solucionar esto para aprovechar las oportunidades de negocio que se abren en Estados Unidos, y en las que el libro electrónico es fundamental. Precisamente en el marco de la Book Expo America se ha celebrado un interesante debate alrededor de la presentación de la plataforma Libranda para distribuir libros electrónicos españoles no directamente al público sino a los vendedores norteamericanos de libros. Aunque Patricia Arancibia, compradora en español para la cadena Barnes and Noble, advirtió de que abrir una plataforma no es exactamente lo mismo que abrir un mercado, sí convino con Jesús Badenes, CEO de Planeta, y con Larry Bennett, de Baker and Taylor, en que el formato electrónico permitirá roturar nuevos sectores editoriales hasta ahora impenetrables para la industria española.
Mercado prometedor y duro
Hay que tener en cuenta que el mercado norteamericano es tan prometedor como duro. Demanda enormes capacidades de distribución y de stock que pocas empresas pueden permitirse «a no ser que vayan cuajando grandes conglomerados», opina Ávila. El libro electrónico es más manejable y además apela al lector más moderno y codiciado. Por ejemplo ese inmigrante hispano de tercera generación que vuelve a su cultura y a su lengua después de que las generaciones precedentes, ávidas de integración a cualquier precio, se pasaran con armas y bagajes al inglés. La ministra Ángeles Sinde, que ayer visitó la feria, llamó a poner el énfasis en este nuevo lector. Y a Ávila le dijo sin rodeos: «Antonio, a vender mucho, que hay que ayudar al país».
En ello está el presidente de los editores, pero siempre que el negocio del libro digital no se le ahogue en la misma cuna. «Hay que frenar la piratería porque si no no se podrán acometer las inversiones necesarias, que son muy altas y sin retorno inmediato», advierte, «y además el Senado de Estados Unidos ya nos ha puesto en la lista negra como país si no paramos este tema». Cinco siglos y pico después, estamos igual: dando esquinazo a los corsarios para traer el oro de América.
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