Actualizado Viernes , 28-05-10 a las 13 : 56
Fue la noticia científica del año. El pasado octubre, un equipo de investigadores presentó ante el mundo en la revista Science al Ardipithecus Ramidus, un antepasado de los humanos modernos que prosperó en lo que ahora es Etiopía hace casi cuatro millones y medio de años. Entonces, se señaló que Ardi, como se dio a conocer popularmente a la criatura, habitó en densos bosques de África, un argumento que fue utilizado en contra de una teoría de la evolución humana que explica el bipedalismo conocida como la «hipótesis de la sabana». Esta teoría sostiene que la expansión de las sabanas -extensas praderas salpicadas de árboles y arbutos- obligó a los antepesados simiescos de los humanos a descender de los árboles y empezar a andar en posición vertical para encontrar alimento más eficientemente o para llegar a otros árboles en busca de refugio o de recursos. Sin embargo, la idea de que Ardi tuviera muchas opciones de pasearse de árbol en árbol rompía el esquema. Ahora, geólogos y antropológos de siete universidades publican también en Science un artículo «crítico», lo que la revista llama un «comentario técnico», en el que muestran su rechazo a este aspecto de la primera investigación por tener «escasas evidencias», y acusan a la propia revista de haber hecho oídos sordos a sus reivindicaciones durante meses. ¿Celos científicos o una reclamación justa?
El Ardipithecus Ramidus fue considerado por Science en 2009 el «Avance del Año». El artículo recogía once investigaciones diferentes -tres de ellas describían el entorno del hóminido- que resumían nada menos que 17 años de trabajo. El estudio, dirigido por Tim White de la Universidad de California, Berkeley, fue difundido a bombo y platillo. El esfuerzo era impresionante y el fósil, espectacular. Ahí se describía a Ardi, un esqueleto femenino de la que podía ser la «abuela de la humanidad», más de un millón de años más antiguo que el que se consideraba hasta el momento el homínido más viejo del mundo, el Australopithecus afarensis conocido como Lucy. El nuevo ser no medía más de un metro veinte y pesaba cincuenta kilos.
El estudio decía también que Ardi no se apoyaba sobre sus nudillos al caminar y no vivía sólo en los árboles, sino que podía caminar erguida sobre sus dos piernas. La existencia de un pulgar oponible en sus pies revela, sin embargo, que sí estaba en condiciones de desplazarse entre las rmas conagilidad. Vivió entre los dos mundos, el suelo y los árboles. Esto significaría que el bipedalismo evolucionó mucho antes de que los humanos dejaran los árboles.
«No era un bosque»Un mes después de que fuera publicada la investigación, un grupo de ocho científicos dirigido por el geoquímico de la Universidad de Utah, Thure Cerling, se dirigió a Science para expresar sus dudas sobre el entorno en el que se decía vivía Ardi y exponer sus críticas. Sin embargo, la revista no les escuchó y en diciembre nombraba al homínido «descubrimiento del año». Las críticas no han visto la luz hasta ahora. Tanto Ceirling como el coautor del artículo, el geólogo Frank Brown, también de la Universidad de Utah, han expresado su frustración por que esta situación se prolongara durante tanto tiempo. Los científicos saben de lo que hablan. La mayoría ha estudiado los suelos antiguos y otros indicadores geológicos del medio ambiente africano donde aparecieron los restos del homínido. De hecho, dicen que, según los propios datos del equipo de White, en la zona se encontraron fitolitos, pequeños granos de sílice que se forman dentro de las plantas vivas y que son incompatibles con un entorno de bosques densos.
Los investigadores concluyen que Ardi vivió sobre todo en los árboles o arbustos de sabana, con un 5% a un 25% o de un área cubierta por árboles o matorrales, y no el mínimo del 60% para llegar a la definición de un bosque cerrado. Cerling admite que Ardi podría haber habitado en un bosque con un corredor como un río, pero era un río que atravesaba la sabana. «No era una pradera pura ni tampoco un bosque», asegura.
Esta idea se contradice con los postulados de White y sus colaboradores, quienes proponen un habitat que en su mayor parte estaba «poblada de árboles con las copas de sus árboles conectadas». Igualmente, la crítica concluye que la conexión entre los antecesores del hombre que andaron erguidos y la expansión de praderas sigue siendo una opción válida.

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