Jueves
, 27-05-10
DE PROPIO
MÁS vale la pena no pensar cuáles fueron los argumentos o añagazas que los mossos d´esquadra emplearon para embarcar a un nutrido grupo de periodistas catalanes en semejante novatada. Se supone que bajo las ordenes de sus superiores, el visto bueno de sus instructores y la autorización desus mandos políticos en estado consciente y orientado, algún genio o jeta de los Mossos o las dos cosas decidió que ayer era un buen día como otro cualquiera para darle una paliza a la canallesca, a los chicos de la Prensa, a esos pardillos que hacen pasillos en los juzgados o corren en las manifestaciones cámaras o alcachófas en ristre, a esa parte de la plebe, en suma, que se cree que le asiste el derecho a no probar los efectos del «kubotán» puesto que está en el centro de la trifulca para dar testimonio gráfico de la bronca bien sea para La Vanguardia, TV3 o el ABC.
«No te jode», acostumbra a escupir el «quarterback» de primera línea mientras una mocita en prácticas pretende hacerle compreder los entresijos del derecho a la información, que no el de manifestación, insiste Mariona mientras la trasladan en vuelo libre hasta la furgona.
Pues para acabar con estos y otros malentendidos tan frecuentes entre Mossos y periodistas -un esfuerzo inútil, vaya de antemano, pues calabozo no rima con taquígrafo y demasadiadas veces, justicia es lo contrario de lo que pide un periodista- un lumbrera con galones disfrazó a un grupo de periodistas voluntarios de antidisturbios, bien pertrechados con cascos, protecciones y escudos. Ah, pero eso no, sin porras, ni lanzadores de pelotas de gomas y demás archiperres para meter miedo, dar cera, descalabrar y disolver. Y delante de ellos, colocó a un grupo de fornidos caballeretes, los mismos antidisturbios, vestidos de paisano, en actitud francamente hostil, no actoral, ni siquiera sobreactuada, según cuentan los numerosos contusionados. Los polis, a diferencia de los conejillos de indias, iban provistos de palos, sillas, diversos artilugios y hasta huevos y se entretuvieron durante un buen rato en descargar su ira sobre los humillados, dolidos, perplejos y estupefactos periodistas. Si alguno se lo pasó bien o sacó alguna conclusión positiva, debería pensar si en vez de periodista no le vendría mejor un trabajo en el circo. Por suerte no fui convocado a esa trampa, pero tengo compañeros heridos. avergonzados, humillados y, por qué no decirlo, a veces no muy brillantes.


