Miércoles
, 26-05-10
Siete de cada diez niños que nacen con bajo peso sufren una disfunción en el corazón por un retraso em el crecimiento fetal en el embarazo, lo que les convierte en firmes candidatos a padecer una enfermedad cardiovascular en el futuro.
Un estudio publicado el lunes en la revista «Circulation», realizado por los doctores Fátima Crispi y Eduard Gratacós, del Hospital Clínic, y en el que ha colaborado el departamento de Cirugía Pediátrica del Sant Joan de Déu, la Universitat Pompeu Fabra y las universidades de Birmingham y de Berlín, ha demostrado por primera vez que el retraso en el desarrollo fetal en recién nacidos y niños de hasta cinco años -afecta a entre un 5% y un10% de los recién nacidos- es fuente de «importantes alteraciones cardiovasculares como el engrosamiento de la capa íntima-media de las arterias carótidas, cambios en la morfología cardíaca (tienen el corazón más redondo) y aumento de la tensión arterial».
La gravedad de la alteración es distinta en función de la falta de nutrientes y oxígeno que haya sufrido en el útero el bebé -se desconocen los motivos-, que para sobrevivir obliga al corazón a adaptarse y, fruto de la dilatación, ensancharse, informa Efe. Se trata de un cambio adaptativo a nivel fisiológico que también «tiene un precio» a nivel funcional porque las «fibras cardíacas de estos niños se mueven a una velocidad inferior», advirtió Gratacós, quien señaló que las consecuencias pueden ser visibles generalmente más allá de los 40 años. En cualquier caso, aseveró que no todos los niños con bajo peso son candidatos a padecer esta dolencia. De hecho, se calcula que un 10 por ciento de los bebés nacen con un peso inferior al normal -menor al percentil 10, producto del peso y la talla del bebé-.
Control hasta los 5 años En el trabajo se han estudiado 80 niños con retraso de crecimiento fetal, que fueron controlados hasta que cumplieron los cinco años, y otros 120 niños nacidos con peso normal seleccionado por género, fecha de nacimiento y edad gestacional al nacer, con los que se compararon.
Tras estos resultados, se ha puesto en marcha otro trabajo para ver qué solución puede darse a estos pacientes y reducir su riesgo de enfermedad cardiovascular.


