Valoración:
Dormir entre cadáveres en Bangkok
Un impacto de bala en un edificio céntrico de Bangkok, tras el asalto militar al campamento de los rebeldes
Viernes , 21-05-10
BANGKOK. Tras el caos que desató el miércoles el asalto del Ejército tailandés al campamento de los «camisas rojas» y la anarquía que estalló cuando los cabecillas de la revuelta anunciaron su rendición, el paisaje después de la batalla era ayer desolador en Bangkok. «La noche ha sido terrible y hemos pasado mucho miedo porque se escuchaban disparos, explosiones y los gritos de la gente en el exterior», relató a ABC Pipae, una joven que había dormido junto a decenas de personas en el suelo de la cafetería del Hospital de la Policía.
Al concluir el toque de queda a las seis de la mañana (una de la madrugada, hora española), el amanecer revelaba la vandálica orgía perpetrada por bandas de incontrolados que prendieron fuego a 39 grandes inmuebles, como la Bolsa, un canal de televisión y dos edificios junto al Monumento de la Victoria.
Tras arder durante más de 15 horas, los bomberos intentaban apagar los rescoldos que aún carbonizaban la galería comercial Central World, la mayor de Tailandia y perteneciente a una de las familias más ricas del país. Los manifestantes se cebaron hasta tal punto con dicho edificio de cristal y acero que el fuego derribó una de sus fachadas, cuyas tripas de columnas calcinadas y humeantes hierros retorcidos eran refrescados por los chorros de agua que lanzaban los bomberos con sus mangueras.
En las calles adyacentes a Central World, algunos «camisas rojas» que no habían sido detenidos por la Policía abandonaban el campamento llorando cabizbajos. Al salir se cruzaban con turistas que querían retratarse en el campo de batalla junto a las carpas vacías o quemadas, las destrozadas barricadas de bambú, los escombros y la basura acumulada por todas partes.
«Manifestantes pacíficos, no terroristas». Rasgada por la mitad, la pancarta que presidía el campamento de los «camisas rojas» era una triste metáfora de su derrota. La realidad son los doce muertos que ha dejado la operación del Ejército para desalojar por la fuerza a los 5.000 partidarios del ex primer ministro Shinawatra, que llevaban dos meses paralizando la ciudad para forzar al Gobierno a convocar elecciones inmediatas
Tres días de toque de queda
Por segunda vez tras su rendición en abril del año pasado, ha fracasado el órdago lanzado contra el actual primer ministro, Abhisit Vejjajiva. Los «camisas rojas» le acusan de usurpar el poder de manera ilegal porque el Tribunal Supremo anuló en 2008 dos gobiernos elegidos democráticamente y apoyados por Thaksin, quien además fue depuesto por un golpe de Estado militar en septiembre de 2006 y se ha exiliado para evitar ir a la cárcel por corrupción.
Con buena parte de sus 12 millones encerrados en casa, las caóticas calles de Bangkok permanecían semidesiertas y con mucho menos tráfico de lo habitual. A cada paso, controles de policías y soldados con fusiles en ristre comprobaban carnés de identidad, abrían maleteros por si ocultaban «camisas rojas» sospechosos e inspeccionaban mochilas en busca de armas.
Mientras el Gobierno extendía otros tres días más el toque de queda de nueve de la noche a cinco de la mañana -el primero desde las graves protestas de 1992 -, la Policía desalojaba el templo de Pratumwanaran, donde se habían refugiado varios miles de«camisas rojas». Allí aparecían seis cadáveres, entre ellos dos enfermeros de la Cruz Roja. Según las mujeres y ancianos cobijados en este recinto religioso, sagrado para los budistas, habían sido tiroteados en su interior por francotiradores, pero resulta imposible comprobar este extremo.
Custodiados por un fuerte dispositivo, los «camisas rojas» fueron trasladados a la vecina comisaría de Policía, donde los agentes les tomaron los datos antes de enviarlos en autobuses a sus pueblos, ya que la mayoría son campesinos procedentes de las humildes zonas rurales del noreste de Tailandia. Entre las escasas pertenencias a las que se aferraban destacaban sus sempiternos ventiladores, el aire acondicionado de los pobres que resulta un artículo de primera necesidad en este tórrido país.
«Hemos dormido con cadáveres y nos han vuelto a ganar porque hay divisiones en el grupo democrático, pero las revueltas volverán», prometía Chartchai Changindra, un «camisa roja» dispuesto a seguir luchando por la democracia en Tailandia.
Valoración:

Enviar a:

¿qué es esto?


Más noticias sobre...
Facebook ABC.es
ABC.es on Facebook