
AFP Merkel y su ministro de Hacienda, Wolfgan Schäuble en un simposio sobre regulación de mercados
Viernes
, 21-05-10
R. VILLAPADIERNA, J. P. QUIÑONERO. CORRESPONSALES
BERLÍN, PARÍS. La guerra fría desatada entre Ángela Merkel y Nicólas Sarkozy por la espiral de iniciativas unilaterales que la canciller alemana había adoptado en los últimos días en relación a la gran crisis de la Eurozona parece que llegó ayer a un punto de inflexión.
Quizás sea pronto para aventurar que se ha sellado la paz definitiva, pero fuentes del Elíseo confirmaron que el cese temporal de las hostilidades soterradas se selló ayer con una llamada telefónica entre ambos líderes, justo en la víspera de la primera reunión en Bruselas del grupo especial que los países europeos decidieron crear para extraer lecciones de la gran crisis griega y plantear nuevas reglas en el juego comunitario. Y cuando los mercados volvían a enviar inequívocas señales de alarma, incluyendo nuevas caídas generalizadas en los parqués europeos. Hasta Wall Street mostraba signos de contagio (perdía más de un 2% al cierre de esta edición) en una jornada en la que se hizo público que el índice de confianza de los consumidores de la UE se ha desplomado en el mes de mayo, pasando de -12,3 puntos en abril a -14,7 el pasado mes.
Demasiados frentes abiertos como para que París y Berlín tuvieran ganas de alargar su batalla tácita y táctica por el poder en Europa a costa de sembrar otro ataque de nervios en los mercados. Según el comunicado de el Elíseo, Merkel y Sarkozy, «se han puesto de acuerdo para coordinar estrechamente las posiciones francesas y alemanas», especialmente en el marco de la reunión de expertos de hoy, encabezada por el presidente del Consejo de Europa, Herman Van Rompuy. En su conversación, centrada en asuntos económicos y financieros, los dos líderes acordaron además «preparar juntos«» la reunión del Consejo Europeo del 17 de junio, así como las cumbres del G8 y el G20 previstas para finales del mes próximo en Canadá.
Además, la nota de la Presidencia francesa concluye anunciando que el jefe del Estado galo ha aceptado la invitación de la canciller alemana para visitar Berlín el día 7 de junio. La conversación telefónica entre los dos mandatarios se produce horas después de que la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde, calificara de «discutible» el hecho de que Alemania no consensuara «sin un debate previo» con el resto de los socios europeos las medidas contra la especulación que adoptó el pasado miércoles.
Ayer , sin embargo, en un simposio económico en Berlín, ya se escenificó el comienzo de la reconciliación. De hecho, el ministro de Hacienda alemán, Wolfgan Schäuble, tuvo que salir a negar la mayor: que Merkel ha actuado por su cuenta en las últimas jornadas. «Hemos hablado con nuestros socios», sobre la iniciativa, «la crítica de haber tomado una decisión en solitario es falsa», dijo. «Y las críticas que vienen de los actores del mercado no me afectan. Cuando uno quiere secar un pantano no puede preguntarle su opinión a los sapos, si lo que se busca es una posición objetiva», sentenció.
Dictar las reformas
En el mismo acto, y a través de una videoconferencia, Christine Lagarde, también quiso disipar dudas asegurando que ambos ministros habían creado «una entente muy fuerte».
En cualquier caso, antes de conversar con Sarkozy, Merkel había insistido en ese mismo evento en seguir marcando territorio y dictando la letra de futuras reformas. En concreto, propuso la creación de un fondo internacional, que sería financiado por los bancos, para hacer frente a nuevas crisis financieras. La iniciativa se discutiría en el seno del G-20, donde la oposición de Canadá es frontal. Si el acto de conciliación entre París y Berlín es poco más que un guiño a los mercados se confirmará desde hoy en la reunión en Bruselas, a las que Schäuble ya ha confirmado que llevará la cuestión de dotar a la zona Euro de un mecanismo que permita gestionar la suspensión de pagos ordenada de uno de sus miembros en caso de crisis de solvencia. «Enviemos una señal común», aseveró Merkel. subrayando su «gran frustración» porque algunos países no se sumen a los «esfuerzos comunes».
Sin embargo, el presidente del FMI, dio ayer la nota discordante entre tanto empeño en el ajuste fiscal. Strauss-Kahn está de acuerdo en que algunos países deben tomarse en serio la reducción de sus déficit, pero considera que tampoco deben hacerlo «a marchas forzadas». De hecho, aventuró que sería contraproducente si se hicieran «demasiado rápido» en «grandes países», en referencia a Francia y Alemania, ya que podría «arruinar el crecimiento».


