Actualizado Lunes , 17-05-10 a las 11 : 30
Fue uno de los acontecimientos astronómicos más impactantes de los últimos tiempos. A finales de julio del pasado año, Júpiter mostró una mancha negra gigantesca en su región polar, distinta a cualquier otra, que finalmente resultó ser la cicatriz dejada por el violento impacto de un asteroide o un cometa. Todos los telescopios se dirigieron al mismo lugar del Universo para observar el fenómeno. Ahora, científicos del Grupo de Ciencias Planetarias de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU), en colaboración con un equipo norteamericano, han sido los primeros en publicar -en la revista Astrophysical Journal Letters- los resultados de un estudio sobre el impacto. Por lo que han podido comprobar, el choque cósmico provocó una inmensa nube negra de 5.000 kilómetros, rodeada por un halo que alcanzó los 8.000, casi el tamaño de la Tierra.
La colisión no se pudo ver desde la Tierra por producirse en la cara oculta del planeta, pero Anthony Wesley, un astrónomo aficionado australiano, descubrió la marca el y tomó fotografías con un telescopio de 14,5 pulgadas instalado en el patio de su casa en Murrumbateman, al norte de Camberra. El Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA confirmó que se trataba de la cicatriz de un objeto celeste.
Como el EyjafjällajokullEl equipo científico español, dirigido por Agustín Sánchez Lavega, ha determinado el tamaño de la inmensa nube negra que originó el impacto: unos 5.000 kilómetros, rodeada por un halo que alcanza los 8.000, casi el tamaño de la Tierra. Su desplazamiento por los vientos de Júpiter se produjo de una forma similar a cómo se ha movido la nube de cenizas volcánicas procedente de Islandia.
Según los científicos, la caída en Júpiter de objetos celestes de entre medio y un kilómetro de tamaño, como los cometas y los asteroides, es más frecuente de lo que se pensaba, ya que se creía que se producía en periodos que van de los 50 a los 250 años y ahora se sospecha que se registran cada 10 ó 15 años.
Si un astro de este tamaño impactara contra la Tierra produciría un "enorme cataclismo". "Afortunadamente cerca nuestro hay pocos objetos de este tamaño y, en cierto sentido, Júpiter es un paraguas protector, ya que con su enorme gravedad atrae fuertemente hacia sí los objetos errantes del sistema solar que pasan por sus proximidades", han explicado los miembros del equipo de investigación astrofísica de la Escuela Superior de Ingeniería de Bilbao.

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