
Enrique Martínez en su despacho de la Universitat Abat Oliba / YOLANDA CARDO
Miércoles
, 12-05-10
La despersonalización que sufre la actual sociedad del bienestar «está cimentada en la educación (escolar y familiar)». Así lo cree Enrique Martínez, vicerrector de Investigación de la Universitat Abat Oliba (UAO) CEU y miembro del comité científico del Congreso Internacional «¿Una sociedad despersonalizada? Propuestas educativas», que mañana se inaugura en la sede de la UAO con la participación de ponentes de talla internacional como el profesor Piotr Jaroszynski, de la Universidad Católica de Lublin (Polonia).
-En la obra «La Abolición del Hombre», su autor C. S. Ellis advierte de que «la conquista final del hombre ha resultado ser su propia abolición». ¿Comparte esta máxima?, ¿cree que hay vuelta atrás en el proceso de despersonalización que sufre la sociedad en general y el individuo en particular?
-Por supuesto. Si no pensara así tendría una visión muy pesimista del hombre. Todo hombre está ordenado por naturaleza a ser amado por sí mismo, en su individualidad personal única e incomunicable. Sin este amor, quedará perdido en su vida personal, en su camino hacia la felicidad; será, en expresión del profesor Francisco Canals -primer Doctor Honoris Causa que invistió la Universitat Abat Oliba CEU-, «el hombre a quien nadie miró». Desgraciadamente, el hombre ha dejado de ser mirado como alguien, y no como algo. Todos, absolutamente todos, necesitamos ser mirados por otro.
-¿Se ha cimentado en la escuela ese proceso de despersonalización de la sociedad? ¿Considera que los valores que imparte se han deteriorado?
-La escuela es crucial. Por tanto, la respuesta a su pregunta es sí. La actual crisis educativa ha dado lugar a una despersonalización de la educación. El motivo de fondo es que se ha perdido de vista el fin.
-¿Qué significa eso?
-Pues que no se sabe hacia dónde educar. Cuando se pierde de vista el fin, que es la persona, toda la atención se centra en los medios, que son los recursos. En los institutos se ha producido un proceso de despersonalización y burocratización que impide que se pueda atender la mirada del otro. Lo que más educa a un niño es la mirada que le dedica su maestra; en esta mirada personal está el éxito. La escuela no puede centrarse sólo en lo intelectual,
-¿Evitaría esa «mirada personal» las preocupantes tasas de abandono y de fracaso escolar?
-Sin duda alguna. Se necesita restablecer la autoridad del profesor, también su formación. No debe confundirse autoridad con autoritarismo. Cuando hay respeto lo cambia todo. Tener autoridad va intrínsecamente ligado a la confianza. Hoy en día ni los alumnos confían en los profesores ni éstos en los alumnos. Hay una crisis que debe resolverse.
-Entonces, ¿la solución es reformar escuelas o formar maestros?
-Más bien la clave está en reformar la educación desde la base, dirigida hacia la figura del maestro.
-¿Se ha perdido la cultura del esfuerzo?
-No se trata de educar en valores; se trata de una cuestión más arraigada en el vivir. Lo que educa es el ejemplo, el modo de vida de los profesores, de los padres, de los amigos... Eso es lo que hace más personal a la sociedad y al individuo. La escuela debe ser la prolongación de la familia.
-¿Qué parte de culpa tienen las familias?
-En el seno familiar también ha habido una pérdida de dirección. Muchos padres llegan cansados a casa y dejan a la escuela todo el papel educador. Eso es un error grave.
-¿Qué se pretende con el Congreso?
-Sólo apuntar una salida hacia ese proceso despersonalizador; una propuesta educativa que sólo puede estar fundada en la centralidad de aquél que merecer ser mirado como alguien, y no como algo.


