Europa se defiende. Bruselas tomó ayer la decisión histórica de sacar la artillería pesada para intentar frenar el ataque coordinado que el euro estaba sufriendo en los mercados financieros. La munición contra la marea especulativa tiene forma de rescate multimillonario: 500.000 millones de euros. El FMI también ha movido sus pertrechos en el tablero y aporta otros 250.000 millones. Hasta el BCE decidió ayer mover ficha comprando deuda soberana. Además , anunció que lo hará con la de todos los países, incluidos los más castigados por las agencias de calificación.
Aunque algunos analistas apuntan ya sus dudas acerca de que la aplicación del plan de defensa no acabe siendo papel mojado, ayer fue saludado con exacerbado e indisimulado entusiasmo por las bolsas internacionales, abonadas a diario a la montaña rusa de las emociones fuertes. «Lo nunca visto» se ha convertido en un acto arbitrario de pura rutina. El Ibex olvidó de un sólo trago su semana trágica y experimentó la mayor subida diaria de su historia, un 14,43%, retomando la senda de los 10.000 puntos.
La anterior marca, ahora pulverizada, data del 13 de octubre de 2008. Entonces el selectivo español repuntaba un 10,65%, espoleado por otro acuerdo de la Eurozona: el de capitalizar con fondos públicos los bancos que se paseaban al borde del abismo.
De momento, calma
Ayer como hoy, la interveción de la UE calma, al menos de momento, la ansiedad de los mercados. Los 500.000 millones para el fondo de rescate saldrán de préstamos de la Comisión Europea, de hasta 60.000 millones, a los países que tengan dificultades. También del Mecanismo de Estabilización Europeo (SPV en sus siglas en inglés) que crearán los países para pedir préstamos en el mercado con la garantía de ellos mismos y, posteriormente, comprar con ese dinero deuda de los países con problemas, por un montante de hasta 440.000 millones que, además, se podrán refinanciar a través del BCE.Los 250.000 millones del FMI llegará también bajo la forma de préstamos.
El BCE ya se ha puesto manos a la obra. Ayer intervino de manera extraordinaria en los mercados de deuda y de divisas, en una acción coordinada con otros bancos centrales del G-7, lo que ayudó a la jornada de resurrección bursatil. El Ibex lideró las subidas, pero el resto de parqués europeos, con los bancos como estiletes, vivieron también fuertes repuntes: Lisboa (+10,7), París (+9,66), Atenas (+9,1%), Fráncfort (5,30%) y Londres (+5,16) se apuntaban a un carro alcista al que también se subía sobre la marcha Wall Street, con el Dow Jones por encima del 4% al cierre de esta edición. En el mercado de deuda, la rentabilidad de los bonos españoles a 10 años se anotó una bajada récord de cinco décimas al situarse en el 3,918%, a menos de 100 puntos básicos de la deuda alemana. Y el euro también tomaba aire, llegando a franquear en algún momento la barrera de los 1,3 dólares.
Sin embargo, puede que la euforia de ayer sea tan inexplicable y transitoria como la profunda depresión de la semana pasada. Algunos medios internacionales aún ven el vaso medio vacío y se preguntan sin 750.000 millones servirán para algo más que para comprar tiempo, informa, J. P. Quiñonero. Así, Le Monde titula a toda página, en primera: «El acuerdo europeo tranquiliza a los mercados, pero ¿podrá salvar al euro...?». Y avanza una reserva de fondo: «Está por ver cómo interpretarán los inversores ese cambio de política».
Por su parte, el influyente Martin Wolf está convencido: «El plan de ayuda a Grecia fracasará». «La crisis actual confirma la perspicacia de quienes consideraban el euro como una aventura extremadamente peligrosa», advierte.Igualmente escéptico, Wolfgang Münchau escribe en Financial Times: «La UE solo está comprando tiempo». Münchau, que adelantó el «tsunami inmobiliario» que se avecinaba sobre España, cree que lo que necesitan los miembros de la UE son «cambios estructurales».
En todo caso, acogerse al fondo de la UE no sale gratis. Los países tendrán que comprometerse a hacer draconianos recortes del gasto público, vigilados muy de cerca. La duda es cómo influirán a medio plazo esas extremas medidas de ajuste sobre la recuperación económica de esos países. Es decir, si el remedio no acabará agravando la dolencia.

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