Artistas y ciudadanos anónimos se imaginan la Barcelona del futuro
Un participante introduce su mensaje en el vídeo-matón
Actualizado Martes , 11-05-10 a las 18 : 23
Se cumplen ahora 150 años de que Ildefonso Cerdà diseñara el actual trazado moderno de Barcelona, su «Eixample» o Ensanche, que abría la ciudad a la Modernidad. Uno de los actos que celebran en 2010 este aniversario pone su mirada en lo que será la Ciudad Condal justamente, y como en un espejo, dentro de otro siglo y medio. Y ahí entran en juego los artistas y los ciudadanos anónimos.
Para comenzar, cincuenta creadores han sido invitados a generar una pieza audiovisual con la que expresar cómo se imaginan la Barcelona del futuro. Así, en la ciudad de Marta Altés lloverá por control remoto. En la de Guillermo Trujillano, Calatayud será un barrio de su periferia. Mosi-Mosi trunca el sueño del actual alcalde Hereu y pronostica para 2159 los juegos olímpicos de invierno... Y es que hay mucha ironía en estos vídeos (los edificios vuelan para The Öwn; al metro de Blavalona –su nuevo nombre– se accede con un chip incrustado en la palma de la mano, según Pep Torres; y en pocas cintas la Sagrada Familia está terminada)... Pero también mucha nostalgia: los habitantes del futuro no deben olvidar cómo se hacía el «pa amb tomàquet» (Krizia Robustella), el sentido de la rumba catalana (Boris Hoppek) o el significado de ir de tapas (Baselab+Basemotion).
Un secreto de 150 añosPorque el fin último de todos estos mensajes, que pueden visionarse en la web www.barcelona2159.org, es sumarse a los más de 2.700 aportados hasta la fecha por los ciudadanos de a pie y que se guardarán en una cápsula del tiempo del Año Cerdàdiseñada para tal fin. Para participar se puede optar por tres vías: la página web, el correo postal de toda la vida (apartado de correos 2159, 08080 de Barcelona) o el vídeo-matón que se ha instalado en el Museo de Historia de Barcelona. El plazo acaba el 10 de junio.
En esa fecha se dará a conocer el emplazamiento definitivo en la ciudad de la cápsula del tiempo, un contenedor ultramoderno en 2010 –quizás una cascarria en 2159– diseñado por un equipo de científicos, antropólogos e historiadores con un mecanismo de apertura que no se hará efectivo hasta dentro de 150 años. Con más de dos metros de alto y 1,1 metros de ancho, su parte externa tiene un recubrimiento de acero inoxidable y se divide en dos secciones. Justo en la parte de unión de ambas ha quedado serigrafiado un nuevo mensaje, ininteligible a día de hoy. Porque para abrir esta original caja será preciso mover manualmente una vez al año (hasta un total de 150 veces) y 360 grados sobre su eje las dos mitades. Sólo en la última rotación las dos partes del mensaje exterior encajarán, y éste se hará legible.
Mientras, en el interior, un cilindro de vidrio hermético y con nitrógeno, para evitar cualquier tipo de oxidación, albergará la información guardada en formato óptico con el correspondiente lector y un generador solar para alimentarlo con autonomía por si esta tecnología se hubiera quedado obsoleta dentro de un siglo y medio. Por si todo fallase, en la caja también se introducirán diez de las postales recibidas por correo tradicional.
Es el momento de dejarle un mensaje a las generaciones futuras, que seguro que se sonrojan con nuestra visión actual de su presente.

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