
AFP Un buzo de Heymans en pleno «trabajo». Debajo, rara empuñadura de oro perteneciente al expolio
Si a usted le sobran como 80 millones de dólares (60,4 millones de euros), hoy puede hacerse con uno de los mayores tesoros rescatados del fondo del mar. Porcelana imperial china de hace mil años, vasos de cristal iraníes, rubíes, perlas, oro y joyas salen a subasta en Yakarta, la capital de Indonesia, por obra y gracia del «cazatesoros» belga Luc Heymans, quien encontró dicho botín en Ciberon, al oeste de Java, en 2004.
«No había madera de ningún pecio, sólo una montaña de porcelana de 40 por 40 metros», explicó a la agencia France Presse Heymans, quien comparó dicho descubrimiento con el del «Atocha», el galeón español que se hundió en Florida en 1622 con el tesoro más valioso hallado hasta la fecha.
Desde febrero de 2004 hasta octubre de 2005, su equipo se sumergió hasta 22.000 veces para sacar a la superficie 271.000 piezas que incluían vasijas de cerámica de la dinastía Liao (907-1125), 11.000 perlas, 4.000 rubíes y 400 zafiros. Y todo gracias a que unos humildes pescadores encontraron los restos del naufragio de un junco chino que surcaba las transitadas rutas comerciales con Arabia y la India bordeando las islas de Java y Sumatra.
Tras el hallazgo, llegó el «cazatesoros» Heymans, que finalmente ha convencido a las autoridades de Indonesia para autorizar la subasta y sacar las piezas del país. ¿Cómo? Muy sencillo: repartiéndose el botín como buenos piratas -perdón, hermanos-. Aunque los «cazatesoros» tuvieron que huir más de una de vez de la Armada indonesia y dos buzos se pasaron un mes entre rejas, finalmente el Gobierno de Yakarta cambió sus leyes de protección del patrimonio después de tres años de litigio. A cambio de entregar a Indonesia parte del tesoro y la mitad de los ingresos que genere la puja (sobre 60 millones de euros), Heymans ha podido sacar las piezas a subasta para recuperar así los cerca de 8 millones que había costado su expedición.
Abierta la veda
La decisión del Ejecutivo de Indonesia, uno de los países más corruptos de Asia, abre la veda a los «cazatesoros» que operan en el Pacífico y supone un peligroso ejemplo para otros vecinos de la región, como Filipinas, en cuyas aguas aún reposan los pecios de numerosos galeones españoles cargados de riquezas. Todo dependerá del resultado de la subasta, a la que se han presentado coleccionistas de China, Japón, Singapur y Taiwán, ansiosos por hacerse con el lote único que la compone: todo el botín.
El acoso al patrimonio sumergido no cesa. La semana pasada, la Policía indonesia recuperó 2.360 objetos de la dinastía Ming (1368-1644) que estaba sacando de contrabando Michael Hatcher, otro «cazatesoros» que se forró en los años 80 subastando más de 12 millones de euros en lingotes de oro y porcelana.


