Miss Hawley, la notaria del Himalaya, decidirá si la coreana Oh Eun Sun dice la verdad y llegó a la cima del Kangchenjunga
Actualizado Martes , 04-05-10 a las 14 : 32
Elizabeth Hawley es estadounidense (Chicago, 1923), aunque todo en ella respira ese aristocrático aire británico que la metrópoli dejó en el subcontinente indio cuando lo abandonó a finales de la década de los cuarenta. Su casa en una pequeña urbanización en el centro de Katmandú, donde luce la bandera de Nueva Zelanda, de la que es cónsul en Nepal; su despacho, repleto de recuerdos y con una biblioteca que es la memoria escrita del himalayismo; incluso su coche, ese famoso y viejo ‘escarabajo’ con el que aún recorre la ciudad en busca de los alpinistas para realizarles el correspondiente interrogatorio.
Llegó a Katmandú en 1960 como corresponsal de la revista ‘Time’, descubrió el mundo del alpinismo, por aquél entonces repleto de épica y aventura, y nunca más salió de esa ciudad. Ni tan siquiera para acercarse a ver con sus propios ojos esas grandes montañas que se conoce de memoria tras escuchar miles de relatos sobre sus ascensiones. Un halo de misterio ha recorrido su vida privada -se ha dicho que fue espia de la CIA y amante de Edmund Hillary- y ella misma alimenta el mito rechazando preguntas personales y ofreciendo a cambio al interlocutor una biografía resumida en dos hojas mecanografiadas.
Pero no hay que engañarse. Miss Hawley (Miss Holy para los nepalíes), la notaria del Himalaya, esta venerable anciana de aspecto delicado y piernas que le empiezan a fallar -”cosas de la edad”-, conserva aún una energía digna de los alpinistas a los que entrevista. Con su voz y sus movimientos de manos se basta para marcar la pauta del relato, para mostrar su enojo o su satisfacción, para evidenciar cuando está a gusto o a disgusto. Para enfadarse, en definitiva, cuando le preguntan su opinión sobre la polémica cima de Miss Oh en el Kangchenjunga el año pasado: “A ver si comprendéis de una vez que yo soy una cronista. Yo no opino. Sólo recopilo los datos que me da la gente y en base a ellos tomo una decisión”.
Y, por supuesto, es ella la que decide cuándo la conversación ha terminado.
-¿Ha hablado con Miss Oh?
-Sí, He estado con ella hace una horas. Ella habla muy mal inglés, así que ha venido con un interprete para entendernos bien. Hemos estado hablando sobre su cumbre en el Annapurna.
-¿Y sobre el Kangchenjunga?
-Sí, sí. Por supuesto. También.
-¿Me puede explicar qué han hablado?
-Miss Oh me ha dicho que llegaron a la cima, y me ha confirmado que las fotos las sacó más abajo porque hacía muy mal tiempo.
-¿Ha llegado a alguna conclusión?
-No tengo ninguna conclusión, porque las dos versiones que me han contado son completamente diferentes. Yo he hablado con Miss Oh; he hablado con Miss Pasaban, he registrado sus declaraciones y cuando esta huelga que tiene palizado todo Katmandú acabe, hablaré con los sherpas de Miss Oh y entonces sí sacaré las conclusiones necesarias. Pero ahora mismo no puedo hacerlo.
-¿Lo que digan los sherpas entonces serán definitivo?
-Los sherpas fueron los que dijeron a Edurne Pasaban que no habían llegado hasta la cumbre. Fueron los que descubrieron toda esta polémica, así que por su puesto que su testimonio es fundamental.
-¿Y si los sherpas le dicen ahora que sí hicieron cumbre?
Miss Hawley bacila un segundo, elude la respuesta directa y vuelve a hablar.
-Conozco un caso similar. Hace años, un canadiense llamado Smith, bajó del Everest diciendo que había hecho cumbre y tenía cinco sherpas que apoyaban su versión. Pero un compañero suyo dijo que con lo que había tardado era imposible que le hubiese dado tiempo a llegar a la cumbre. El señor Smith tenía un concesionario de una marca de coches en Calgary y en su web publicó un vídeo con imágenes de su llegada a la cumbre en la que incluso hablaba desde la cima diciendo que estaba en la cima del mundo y que no podía llegar más arriba. Sin embargo, yo me di cuenta de que la ropa que llevaba en esas imagenes era distinta a las de las fotos que había mostrado en su día. Y que su acento era danés, así que investigué y descubrí que el vídeo que había emitido en su web eran las de la cima de un alpinista danés. El periódico estadounidense ‘Time Journal’ fue el que desveló toda la farsa y el señor Smith lo denunció. Perdió el juicio y acabó arruinado y perdiendo hasta el concesionario.
-¿Ha visto las fotos de cumbre de Miss Oh?
-Lo que he visto de las fotos viejas, comparando las de Miss Oh y las de Edurne Pasaban, es que en las de Miss Oh va camino de la cima y se ve mucha nieve, mientras que en la de Edurne hay poca nieve en la cima. Además, Miss Oh me ha dicho hoy que me va a enviar dos fotogramas sacados de un vídeo que filmaron llegando a la cumbre del Kangchenjuga. Pero me los puede enviar mañana, la semana que viene, dentro de un mes...
-¿Es verdad que no quiere hablar con los coreanos porque mienten mucho?
-No. Eso no es cierto. No tengo ningún problema con los coreanos. Todos mienten igual: alemanes, ingleses, americanos, franceses...
-Pero sí es verdad que la mayoría de las entrevista a los coreanos las hace su asistente.
-Es una simple cuestión de organización. Ahora, por ejemplo, ha ido Park Young-Seok a la cara sur del Annapurna y yo he estado con él. Al principio de la temporada, organizo el trabajo, veo todas las expediciones que hay y las reparto con mi ayudante por agencias. Puede que mi asistente hable más con expediciones coreanas, pero porque habla algo de coreano. No hay ningún otro motivo.
-¿Siempre ha habido intentos de engañarla o en la actualidad hay más?
-La ambición humana no es desde este tiempo. Eso es algo que siempre ha pasado. Siempre ha habido personas que han intentado hacer creer a los demás lo que en realidad nunca han hecho. A veces me he dado cuenta de que me estaban engañando en el mismo momento de hablar con ellos, otras veces he tardado un mes, o dos años, pero la gente siempre lo intenta. Es algo que va unido a la especie humana.
-¿Le gusta el himalayismo que se hace ahora?
-Ahora mismo hay dos tipos de alpinismo en el Himalaya. La mayoría de los alpinistas buscan las cumbres por las rutas normales, hacen lo que se ha hecho siempre. Pero luego hay un pequeño grupo de alpinistas que realizan actividades muy interesantes, como hacía Tomaz Humar, que falleció el año pasado, y otros más, que además no tiene por qué ser en montañas de ochomil metros. Entre la mayoría de ascensiones normales, se pueden ver pequeñas pinceladas de actividades importantes

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