Por primera vez desde su infarto en 2008, el “Querido Líder” de Corea del Norte viaja a China envuelto en un hermetismo y unas draconianas medidas de seguridad que no le hacen pasar, precisamente, desapercibido
Kim Jon Il, en China /REUTERS
Kim Jong-il vuelve a la vida. Por primera vez desde que sufriera un infarto cerebral hace dos años, el “Querido Líder” de Corea del Norte se ha dejado ver fuera de su país, el más aislado del mundo. Y lo ha hecho en China, destino de su último viaje oficial en 2006.
Por su miedo a volar – comprensible por la antigüedad de los aviones soviéticos que aún utiliza Air Koryo –, Kim Jong-il volvió a viajar en su tren blindado, cuyos 17 lujosos vagones traspasaron ayer la frontera en Dandong (provincia nororiental de Liaoning). Desde allí, donde la Policía china cortó el tráfico y dispersó a los fotógrafos que pretendían retratar al convoy cruzando el Puente de la Amistad, se dirigió hasta la ciudad portuaria de Dalian.
Aunque un tanto borrosas, las imágenes emitidas por la televisión YNT muestran al dictador norcoreano, con sus sempiternas gafas de sol y su cazadora caqui, rodeado de guardaespaldas y soldados chinos que le saludan a las puertas del hotel Furama. Según la agencia surcoreana Yonhap, una caravana de 15 limusinas oscuras fueron vistas llegando a dicho establecimiento de cinco estrellas, cuyas ventanas han sido cubiertas con papeles blancos y donde la suite presidencial cuesta más de 1.600 euros la noche.
Desde luego, si con todo este alarde de hermetismo y seguridad pretendía pasar desapercibido, no lo ha conseguido. Y todo ello pese a que su visita aún no ha sido confirmada ni por el Gobierno chino ni por la agencia estatal de noticias norcoreana KCNA, que sólo informa de los desplazamientos de Kim Jong-il a su término para evitar atentados.
Tras la extraña explosión que se cobró 150 muertos en la estación de Ryongchon en 2004, por donde se supone que el “Querido Líder” acababa de pasar en un viaje de regreso de China, el paranoico régimen estalinista de Pyongyang ha incrementado las ya de por sí draconianas medidas de seguridad.
Este viaje coincide con la escalada de la tensión por la reciente muerte de 46 marineros surcoreanos en el hundimiento de su fragata, que se sospecha fue torpedeada por Corea del Norte. Pero en los foros de internet ya se especula con que el excéntrico Kim Jong-il no viaja a China para buscar su mediación en las conversaciones a seis bandas sobre su desarme nuclear ni para celebrar los 60 años de relaciones diplomáticas, sino para visitar la Expo de Shanghái.


