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Ni en sus mejores sueños hubiera imaginado Luis Francisco Esplá un adios de Marid como el que tuvo el 5 de mayo de 2009 en Las Ventas, de donde fue sacado a hombros de su propio hijo por la Puerta Grande
Actualizado Miércoles , 05-05-10 a las 13 : 58
Ni en sus mejores sueños hubiera imaginado Luis Francisco Esplá una despedida de Madrid como la que tuvo el 5 de mayo del año pasado en Las ventas. «Gloria a Esplá. Desmadejado, roto, como un Cristo doliente, en una masiva salida a hombros a la antigua, por la Puerta Grande. De Madrid… ¡al cielo con él!», rezaba la crónica de ABC.
Un «cielo» al que era llevado a hombros por su propio hijo, el también matador de toros Alejandro Esplá, entre el clamor popular y visiblemente emocionado por las muestras de cariño y respecto.
«Terminar así mi historia con esta plaza es como despedirse de la mejor novia en el catre de Cleopatra», confesaba el torero de Alicante a las cámaras de Canal+, instantes después de cerrar su historia de amor con Las Ventas. Un romance que había durado nada menos que 33 años. «Torero de Las Ventas por siempre», apuntillaba la crónica.
Y se despedía por lo grande. Con una plaza que bullía de expectación desde por la mañana y con unos reventas que trataban de hacer el agosto con la corrida más esperada.
¡Y qué faena! Soberbia, como se merecía la despedida de un grande. Y le tocó el toro de su vida, un morlaco de 620 kilos de Victoriano del Río «muy serio y muy duro». «Esplá brindó una faena gloriosa a los Madriles que lo han querido como a pocos, y toreó como nunca, o mejor que siempre».
Mostró su amplio repertorio y su arte con las banderillas, aquel que ha ido acumulando y perfeccionado como el gran estudioso de la tauromaquia que es. Desempolvó todo su peculiar estilo añejo, templado y asentado, provocando el éxtasis en los tendidos. Una serie de naturales descomunales por aquí, unos perfectos pases de pecho por allá, y los cambios de manos, los recortes, los afarolados… pasando a la historia con destalles sobresalientes de torería que le valieron dos orejas de su segundo toro y dos vueltas al ruedo apoteósicas.
La despedida merecidaEl torero consiguió una comunión total con unos tendidos que se precipitaban en «¡oles!», porque la vida es justa y Luis Francisco Esplá se merecía una despedida así en su plaza.
«Así firmaba al año que viene», bromeaba. Pero la decisión estaba tomada: «No, esto es muy serio. Llevo 33 años de alternativa y es el momento de irse».
La diosa fortuna no acompañaba a sus últimos compañeros de faena en Las Ventas, Morante de la Puebla y Sebastián Castella. Mientras ellos se marchaban a pie, él vivía «una salida soñada», en olor de multitudes. Pero es que aquella era su tarde. La última.
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