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Cameron fue varias veces a la yugular de Clegg, particularmente por su posición favorable al euro y su propuesta de amnistía para inmigrantes ilegales
David Cameron se impuso con claridad esta noche en el tercer y último debate televisado de las generales britanicas, dando así un impulso a la línea ascendente en la que parecen estar los conservadores. Centrado en la economía, el debate no fue aprovechado suficientemente por Gordon Brown, que con ello perdía su última gran oportunidad de evitar lo que parece su fin como primer ministro. El liberal-demócrata Nick Clegg jugó bien sus cartas, aunque quedó expuesto en asuntos como su simpatía por el euro o su defensa de una amnistía para inmigrantes ilegales, puntos que probablemente no sintonizan con el votante medio. Los primeros sondeos tras finalizar la emisión dieron por vencedor a Cameron, con más margen del que le otorgaron en el de la semana pasada. Según el de YouGov, el 41% de los espectadores consideraron ganador, frente al 32% que se inclinaron por Clegg y al 25% que optaron por Brown. El de ComRes también situó primero al conservador (35%), seguido del liberal-demócrata (33%) y el laborista (25%).
La ventaja con la que Brown podía haber partido en el debate, debido a su autoridad como ministro de Hacienda durante diez años y algún acierto en la gestión de la crisis, estuvo lastrada por el peso de las disculpas que el día anterior había tenido que presentar por insultar a la pensionista Gillian Duffy. Arrancó el debate con aspecto de alguien realmente cansado y perjudicado por el incidente, al que se refirió de modo indirecto en sus palabras iniciales ante el autorio que se había reunido en la Universidad de Birmingham, desde donde la BBC transmitió el debate.
A Brown tampoco le ayudó la actualidad de la situación financiera internacional, con la crisis griega de fondo, pues las cifras británicas (el déficit es el 11,5 por ciento del PIB, y la deuda el 59 por ciento) superan a los datos negativos de algunos de los países cuestionados, como se encargó de recordarle Cameron. El primer ministro quiso utilizar a su favor los problemas de Grecia para advertir que ante la inestabilidad actual votar a los conservadores es “arriesgar” caer de nuevo en la recensión. Pero el líder “tory” echó mano de un argumento certero en un país euroescéptico: “algo que nunca haré, ahora que está Grecia en las noticias, es entrar en el euro; mantendré la libra como moneda”.
Cameron fue varias veces a la yugular de Clegg, particularmente por su posición favorable al euro y su propuesta de amnistía para inmigrantes ilegales, asunto que se trató en la segunda parte, donde la agenda era abierta. El líder conservador calificó de “masivo error estratégico” la defensa que el programa liberal-demócrata hace del euro. Clegg evitó elogiar la moneda europea; insistió en que la entrada no está sobre la mesa y que no se decidiría nada sin un referéndum.
La economía iba a ser la gran cuestión de la campaña electoral, pero hasta ahora había quedado relegada por haberla dejado para el final de los tres debates y por el primer plano adquirido por asuntos más de imagen que de contenido, algo propiciado por los mismos encuentros televisados.
Laboristas y conservadores apenas han concretado cómo van a obtener dinero para las arcas del Estado, asegurando que hay que esperar unos meses a que la economía recobre músculo. Los liberal-demócratas han optado por avanzar algunas cifras, presentándose como los únicos que dicen la verdad a los ciudadanos sobre los cortes que se avecinan. En cualquier caso, las tres formaciones han sido acusadas por el Instituto de Estudios Fiscales de falta de credibilidad en sus cuentas.
La inmigración, ya presente en los debates anteriores, apareció otra vez, algo que se esperaba después de que Brown hubiera llamado “intolerante” a la pensionista buffy por cuestionar la llegada de inmigrantes del Este de Europa. Pero los tres candidatos no aportaron elementos nuevos, salvo la insistencia de Cameron en que criticar duramente la propuesta liberal-demócrata de amnistía para los inmigrantes ilegales, “un completo error que aún haría mayor el caos creado por los laboristas”. En este punto, Cameron ganó la discusión, mientras que Clegg se vio también atacado por Brown.
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