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Este movimiento conservador aspira a dejar su marca en las próximas legislativas complicando la reelección a sus enemigos
«Tea Party», el reto al bipartidismo de EE.UU.
EFE Manifestación el pasado mes de septiembre contra la reforma sanitaria de Obama
¿Experimentos en el Grand Old Party?
«Un empuje transitorio»; por Valentí Puig
El movimiento «Tea Party» pretende una inmersión ideológica del Partido Republicano pero tal vez únicamente se quede como un eczema. La exasperación populista y de un conservadurismo radical favorecerá a los candidatos republicanos en las elecciones parciales de noviembre pero puede que a costa del 2012, al propiciar reactivamente una reelección de Obama. Es el «Tea Party» como enfermedad infantil del republicanismo USA, con Sarah Palin en el papel de Xena la princesa guerrera y William Kristol como nuevo Jefferson. En el GOP de toda la vida han olvidado lo que les costó a los demócratas acunar a la Nueva Izquierda.

«Regreso a la barbarie»; por José M. de Areilza Carvajal
El movimiento ciudadano «Tea Party» aglutina a ciudadanos que han perdido la fe en las instituciones de gobierno de EE.UU. por el desbocado gasto federal y acentúa al máximo la tendencia libertaria de la derecha norteamericana. No tiene programa más allá de la radical reducción del tamaño del Estado y la destrucción de la clase dirigente. Cree en la inocencia de la masa y sostiene que hay una conspiración de gobierno, bancos y grandes empresas contra el hombre de la calle. Rechaza que la democracia sea un proyecto de civilización. Igual que supuso la New Left en los años sesenta, significa el regreso de la barbarie a la política.

«Integración vs. ruptura»; por Daniel Ureña
La influencia que el «Tea Party» puede tener en la política americana es toda una incógnita. Si bien ha servido en los últimos meses para demostrar que la base social conservadora está en plena efervescencia a pesar de la derrota de 2008, el Partido Republicano tendría un serio problema si no es capaz de integrar y moderar a este incipiente movimiento. Una ruptura en dos partidos supondría la dispersión del voto y, por tanto, garantizar la hegemonía demócrata para muchos años. Por ello, los republicanos tienen el reto de volver a unir a las diferentes familias que forman el amplio espectro conservador de Estados Unidos.

«La iniciativa de la base»; por Florentino Portero
El ciclo conservador iniciado por Reagan se cerró con Bush, dejando un republicanismo sin líderes ni programa. Frente a ellos Obama trata de inaugurar otro caracterizado por un mayor intervencionismo del gobierno federal y un aumento del gasto público. Un giro que resulta familiar para los europeos, pero que es contrario a la tradición política norteamericana. De ahí que, ante la debilidad republicana, sectores importantes de la sociedad se organicen demandando fidelidad a los principios fundacionales, que hacen del individuo el actor de referencia y que consideran al Estado una amenaza para las libertades.
Sharron Angle tiene sesenta años, diez nietos y una gran ambición: ocupar un escaño en el Senado federal con ayuda del «Tea Party». Hace unos días se presentó en Washington diciendo: «Me siento un poco sola. Usualmente llevo encima mi revólver Smith & Wesson. Pero también es verdad que Dios me acompaña siempre y también mi marido». Y sin abandonar su sonrisa, un tanto forzada, explicó que ha llegado el momento de no resignarse y empezar a luchar contra los «Estados Unidos Socialistas de América».
La aspirante de Nevada, con un amplio historial en las filas del Partido Republicano, forma parte de la lista especial acuñada por el «Tea Party» para dejar su marca en las legislativas previstas el próximo mes de noviembre. En el caso de la señora Angle, el objetivo más que simbólico de su candidatura es complicar en todo lo posible la reelección senatorial de Harry Reid,líder de la mayoría demócrata en la Cámara Alta de Estados Unidos. Un veterano político con papel protagonista en la reforma sanitaria que tanto desagrada al «Tea Party».
Tal y como argumenta Sharron Angle, «no se puede arreglar a un político estúpido pero se le puede votar fuera». Con reproches de que Reid, los demócratas e incluso algunos republicanos se han olvidado de guardar tan si quiera las mínimas formas con sus trapicheos legislativos. Además de «extorsionar» a los contribuyentes y «torturar» («waterboarding») a la maltrecha economía de Estados Unidos. De ser elegida, la aspirante promete que su primera iniciativa legislativa será precisamente recortar la reforma sanitaria auspiciada por la Administración Obama.
Estrategia selectiva
Según Sal Russo, antiguo ayudante de Ronald Reagan y ahora «gurú» del «Tea Party», la estrategia electoral de este creciente movimiento supra-conservador es simple. Se van a concentrar sobre todo en cuestiones de economía, que importan tanto a votantes demócratas como republicanos. Y se van a dedicar a «recompensar a nuestros amigos y castigar a nuestros enemigos». Lo que en la práctica se traducirá en canalizar sus limitados recursos hacia un puñado de emblemáticos pulsos electorales.
De acuerdo a las más recientes declaraciones remitidas a la Comisión Federal de Elecciones, la última peregrinación del «Tea Party» que terminó con una escenificada revuelta fiscal en Washington ha conseguido reunir más tres millones de dólares en donativos. Dinero que se piensa utilizar sobre todo contra un selecto puñado de vulnerables legisladores del Partido Demócrata. Según Russo, «nos encantaría vencer a Nancy Pelosi en San Francisco pero ella es demasiado fuerte. Tenemos que concentrarnos en lo que realmente podemos conseguir».
Como ejemplo de su potencial impacto en los comicios de noviembre, los responsables del «Tea Party» destacan la elección en Massachusetts, contra todo pronóstico, del republicano Scott Brown para ocupar el llamado «escaño Kennedy» en el Senado federal. Y también se jactan de haber forzado la jubilación de Bart Stupak, demócrata de Michigan y diputado a la cabeza de un grupo de congresistas católicos cuyo voto en la Cámara Baja a favor de la reforma sanitaria a cambio de prohibir cualquier subvención contra el aborto resultó decisivo para aprobar la iniciativa de Obama.
Según Mark Williams, presidente del «Tea Party Express», «nos estamos dedicando a poner los cimientos para una victoria en el 2010». Empezando por la formación de comités de acción política (PAC), que permiten reunir y canalizar donaciones electorales, junto a la producción de campañas para internet y televisión. Un esfuerzo de movilización que contrasta con los altos niveles de apatía que los últimos sondeos atribuyen al Partido Demócrata.
Tanto en Nevada como en otras jurisdicciones electorales, los líderes del «Tea Party» han rechazado la idea de presentar candidatos alternativos. Bajo el argumento de que una eventual división del voto conservador sólo servirá para mejorar las probabilidades de los demócratas. Como a su juicio ocurrió con Ross Perot en 1992, cuya candidatura alternativa no hizo más que facilitar las llaves de la Casa Blanca a Bill Clinton.
«Ironía muy cruel»
Como explicaba una de las fervientes seguidoras del «Tea Party» congregadas el pasado 15 de abril en Washington, «sería una ironía muy cruel que cuando el Partido Demócrata está haciendo tanto daño a nuestro país, nuestra patriótica rebeldía les sirva como ayuda para ganar en noviembre». Una cita con las urnas en la que se renovará un tercio del Senado federal y toda la Cámara Baja, bajo la tradición de que el partido político que ocupa la Casa Blanca tiende a perder escaños.
Junto a su declarada estrategia selectiva contra los demócratas, el «Tea Party» también ha empezado a movilizarse contra republicanos. En lugares como Florida están apoyando al conservador Marco Rubio en su pulso con el gobernador Charlie Crist por un escaño en el Senado federal. Y en Arizona, están disputando la reelección del senador John McCain. Hasta el punto de que el ex candidato presidencial ha tenido que pedir ayuda a Sarah Palin.
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