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Poesía submarina
«Océanos». Dos de los actores del filme, no profesionales
Viernes , 23-04-10
F. MARÍN BELLÓN
Ocho años de trabajo, más de cincuenta millones de euros y el talento de dos Jacques sirven para evocar al gran Cousteau, el homínido más parecido a un crustáceo que ha pisado la tierra y surcado las aguas. «Océanos», como es natural, retrata los siete mares con la pasión de un pirata, y además no repara en gastos. De las Bahamas a las Galápagos, pasando por los polos de todos los sabores y por las Azores, pero sin poner los pies sobre la mesa, los creadores de esta declaración de amor al azulado planeta, aún más después de Cameron, no se conforman con el habitual retrato preciosista. La cámara busca la mirada de la iguana como Scorsese plantaba ante el espejo a Robert de Niro. Al bicharrado sólo le falta preguntar aquello de «¿Me estás hablando a mí?»
Jacques Perrin y Jacques Cluzaud van más allá del éxtasis contemplativo y se sumergen en la guerra a muerte por la vida. El hombre puede ser un asesino injusto, pero no siempre el más implacable. Sin entrar a comentar batallas más desiguales, feroz resulta la lucha entre la langosta y el cangrejo (perdonen los expertos la pobre descripción de las especies). No menos llamativo es el desfile de un ejército casi infinito de artópodos, las increíbles coreografías de animales sin curriculum. navajas plateadas dejándose mecer por la corriente, abisales monstruos marinos, peces de colores, triatletas de las profundidades, diabólicas fauces inspiradoras del mejor terror...
Aquel genio que fue Miliki lo habría resumido todo con una de sus expresiones favoritas, «el mar, idiota, el mar», pero «Océnanos» nos muestra con anticipada nostalgia un mundo del que no sabemos nada, donde seguimos a oscuras. Una de las imágenes más significativas de esta hermosa película es la de un faro embistiendo a las olas. Quizá no se pueda evitar, pero aplacemos la muerte del mar.
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