
Caroline Casey
Cuando era niña, sus padres no le dijeron que tenía una visión tan disminuida que legalmente era considerada ciega. Caroline Casey pensaba que los niños que llevaban gafas era, simplemente, porque veían mal. Asegura que no se enteró de su discapacidad hasta que a los diecisiete años quiso sacarse el carnet de conducir. Sus padres le enseñaron a comerse el mundo, sin quedarse nunca atrás atenazada por cualquier sentimiento de inferioridad. Ahí está el germen del extraordinario empuje de esta dublinesa de 38 años, extrovertida y vitalista como pocos. Lo demás lo puso Kanchi, el elefante con el que recorrió la India.
-¿Por qué creó la Fundación Kanchi?
-A los 28 años dejé el trabajo de consultoría en Accenture porque pensé que no estaba aprovechando mis potencialidades. De pequeña me había fascinado «El libro de la selva» y decidí cruzar la India a lomos de un elefante. Fue una iniciativa para recaudar fondos y ante la publicidad que conseguí y la llegada de muchos donativos puse en marcha la fundación Aisling, ahora llamada Kanchi, que es el nombre del elefante que me llevó por la India. Aquello me hizo ver que la atención de los medios lograda me permitía un activo papel social en promoción de las personas discapacitadas. Los premios nacieron en Irlanda en el año 2004. Y ahora se lanzan en España de la mano de Telefónica.
-Su mensaje está especialmente dirigido al mundo de las empresas.
-Las empresas pueden transformar el modo con que el mundo ve la discapacidad; si ellas la valoran, el resto de la sociedad seguirá detrás. Les hablamos en el lenguaje que entienden: no les decimos que tengan lástima, sino que hagan negocio. Al empresario le decimos: «Contrate discapacitados por el bien de su empresa, no por caridad». Se benefician ellos y nos beneficiamos nosotros. Una persona con discapacidad le puede decir a una compañía: «Tengo talento, empléame; ténme en cuenta, soy tu cliente; que sepas que puedo ser tu proveedor». La gente discapacitada puede ir a hoteles, restaurantes y tiendas; tiene familias y consume; tiene el mismo poder adquisitivo que los demás. Tienen que ver primero a la persona, no la minusvalía. No pedimos a una empresa que contrate a quien no es adecuado para un determinado puesto de trabajo, pero sí que tengan en cuenta también a personas con disminución a la hora de examinar las habilidades personales de cada cual y casarlas con tipos de trabajo concretos.
-¿Cuál es el principal objetivo que se persigue con estos premios?
-Los premios hacen tres cosas. Suponen el reconocimiento de empresas que hacen cosas positivas y así constituyen un modelo para las demás; implicamos a la dirección de las compañías, algo que es enormemente importante, y se logra una cobertura en los medios absolutamente vital para poder educar a la sociedad presentando la discapacidad no como algo trágico, sino como algo que tiene valor. Las empresas finalistas logran una gran publicidad y la que resulta ganadora tiene la posibilidad de continuar un asesoramiento gratis con nosotros.


