El aumento del nivel del mar previsto por los expertos como consecuencia directa del cambio climático lleva a los kunas, pueblo indígena panameño, a preparar su traslado a otro lugar.

El cambio climático propicia el éxodo de las personas
Viviendas del futuro
Una ciudad flotante y autosuficiente en forma de nenúfar. El arquitecto belga Vincent Callebaut ha diseñado estas «soluciones habitacionales» -con capacidad para 50.000 personas- con vistas a 2100. La ecópolis se mueve en función de las corrientes marinas, produce su propia energía (solar, térmica, eólica) y filtra el CO2. Hay playas y montañas para que los ciudadanos puedan cambiar de paisaje. Y, por supuesto, la armonía con el medio ambiente no está reñida con la moda y el ocio. Callebaut contempla centros comerciales y de entretenimiento dentro de su «Lilypad».
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Martes
, 20-04-10 a las 12
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«Si nosotros no produjimos el cambio climático, si no fuimos los que quemamos carbón y petróleo en grandes cantidades, por qué tenemos que trasladarnos, cambiar nuestro estilo de vida. Quién es el responsable», se pregunta Ariel González.
Ariel González es el secretario del Congreso General Kuna, la máxima institución administrativa y política de este pueblo indígena que habita en el nordeste de Panamá.
Más de 32.000 habitantes integran la comarca de Kuna Yala. Cuarenta y nueve comunidades están pendientes del aumento del nivel del mar; viven en la costa o en alguna de las 300 pequeñas islas que integran el archipiélago de San Blas.
«Los expertos aseguran que las aguas pueden subir desde medio metro a metro y medio. Y la altura de las islas es de medio metro o un metro de media, según las zonas», explica González.
Compra de tierras
Los kunas planean abandonar su lugar de origen. Se quejan de que el Gobierno panameño está dormido. Los británicos, en cambio, les brindan su apoyo financiero. Ya disponen de un borrador de «Plan de Manejo Costero» y un «Proyecto Piloto» de traslado de dos poblados –aún sin determinar-. A los pioneros les seguirán de forma escalonada más adelante el resto, dentro de un proceso que durará, calculan, entre cinco y seis años. «Comenzaremos con talleres de sensibilización y ubicación de los mejores terrenos, siendo lo más realistas y ahorradores posible», comenta González.
«No podemos hacer nada para parar el cambio climático, así que debemos comprar tierras en otra parte», declaró en 2008 el presidente de las Maldivas. El 80% del territorio de sus 1.192 islotes de naturaleza coralina apenas levanta dos metros sobre el nivel del mar en su cota máxima. Unas 300.000 personas habitan en esta parte del Índico. «No queremos irnos, pero tampoco queremos convertirnos en refugiados», comentó Mohamed Anni Nasheed. India y Sri Lanka fueron la primera opción por su cercanía al archipiélago. La semejanza cultural y climática también influyó en la decisión. Australia fue otra alternativa barajada.
Otro país de Oceanía, Nueva Zelanda, se ha mostrado receptivo a acoger a los ciudadanos de las islas Tuvalu y Fidji. Las islas Tuvalu, compuestas por nueve atolones en el Pacífico sur, ya han perdido más del 20% de su superficie debido a las crecidas de agua. Y las islas Fidji, en el misma área, atraen a unos 500.000 visitantes al año; de hecho, el 80% de los proyectos de desarrollo están destinados a su sector turístico.


