La número dos del PP y candidata por Castilla-La Mancha resalta la posibilidad de que el PP dé un vuelco en ésta y otras Comunidades

Mª Dolores de Cospedal / IGNACIO GIL
El reto de liquidar la herencia de Bono
Tras su designación como secretaria general del PP en 2008, María Dolores de Cospedal simultanéa su condición de número dos del partido con la de presidenta del PP en Castilla-La Mancha, senadora y diputada autonómica. Y ha venido encarrilando sus opciones para convertirse en la primera presidenta no socialista de esa región. Así, el feudo socialista que José Bono legó a José María Barreda se tambalea.
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Domingo
, 18-04-10 a las 00
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Ha colocado el listón muy alto. Para ella misma y para el resto de los candidatos autonómicos del PP porque es la secretaria general del partido y porque, dice, «con la confianza de que podemos ser ganadores se trabaja de otra manera. Y eso se nota en el ánimo que tiene nuestra gente». Con la necesaria cautela, (aún queda un año para las autonómicas y unos meses para las elecciones catalanas), hace hincapié en que «cambiar el signo de una comunidad autónoma es una cosa muy complicada, tanto o más que cambiar un gobierno de España». Pese a lo cual, y pese a la «Gürtel», asegura que «el PP puede ser una fuerza decisiva en Cataluña, y creemos que tenemos muchas posibilidades de ganar un Gobierno que nunca hemos logrado como es el de Castilla-La Mancha». Más esperanzas fundadas: «La posibilidad de lograr mayoría absoluta en Cantabria y de vencer en Aragón, por ejemplo». E incide en la sorpresa que podría tener lugar en un territorio de inercias clientelares: «En Extremadura, la gran olvidada, estamos en empate técnico actualmente».
¿Todo eso, pese a la «Gürtel»? La secretaria general insiste en que su partido está siendo contundente frente a la corrupción, aunque admite que «desconocemos cómo afecta a la hora de votar. Pero espero que los ciudadanos tengan claro que no hay ni ha habido una trama mediante la que el PP se haya financiado, como sí ocurrió con el PSOE y Filesa». Y, pese a que resulta arduo batallar contra el mensaje (agitado por los socialistas con cierto éxito) de que el partido está actuando con tibieza, reitera que «el PP ha hecho todo lo que tenía que hacer. Todos los que han tenido algo que ver hoy no están en ningún órgano de dirección ni de responsabilidad y muchos ni tan siquiera son militantes. Nos hubiera gustado que otros partidos hubieran sido igual de duros en asuntos similares».
En su carrera de fondo, la también senadora Cospedal capea virulentas y constantes embestidas en la Cámara Alta. Ahora, por parte de senadores socialistas que la acusan de proteger a Luis Bárcenas, y poco antes por parte de la vicepresidenta Salgado y la ministra Chacón. Entiende que «mi posición de número dos del PP influye mucho en los ataques. Pero no sólo esto no me preocupa nada, sino que además pienso a veces que es contraproducente para el Partido Socialista». Otro frente de asedio es el de José María Barreda cuando la acusa de no ocuparse de la región que aspira a gobernar por estar enfrascada en la política nacional. Cospedal argumenta que «cuando se produjo mi designación en el Congreso de Valencia pensé mucho sobre esto, y creo francamente que acerté (o acertó el Partido Popular), pues siendo yo la secretaria general los temas que tienen que ver con Castilla-La Mancha adquieren una dimensión nacional, y de esta manera se hacen más importantes. Barreda manipula los medios de comunicación públicos que controla de una manera impresentable y antidemocrática, pero lo que no puede evitar es que yo sea la secretaria general del PP».
Tampoco se arruga la candidata cuando se le pregunta cómo afronta las aparentes contradicciones del PP en materia de agua, y si será capaz de mantener un discurso unitario: «Que haya conflicto entre comunidades por esta cuestión ha sido una situación provocada ex profeso por el Partido Socialista. Desde que se derogó el Plan Hidrológico Nacional no ha habido una política sustitutiva de agua a nivel nacional, ningún plan nacional hídrico o hidráulico, aunque hubiera sido otro. No ha existido una política nacional del agua. La solución ha sido propiciar enfrentamientos entre comunidades autónomas. Esto es una grave irresponsabilidad del Gobierno de Rodríguez Zapatero». «Por eso —aduce— una de las propuestas más importantes que hizo el Partido Popular para el Estatuto de Castilla-La Mancha fue reivindicar dentro del propio Estatuto que haya un Plan Hidrológico Nacional, y también la defensa del principio de solidaridad interterritorial. Lo lógico y normal. Otra cosa es que algunos, ante la perspectiva de perder el poder movilicen la demagogia o toquen la fibra de la gente en Castilla-La Mancha, en Valencia o en Aragón».
Sobre si Barreda está tratando de elevar su estatura política con críticas de última hora al Gobierno de la Nación, Cospedal ve claro que «se trata de una escenificación bastante cobarde. Sacó la patita y la volvió a meter corriendo. Dijo un día que el Gobierno tenía que ser austero y reducir ministerios, y esa misma semana el PP le planteó a él en las Cortes de Castilla-La Mancha que redujera su gobierno y votó en contra. Dijo una cosa e hizo la contraria. Pero es más, en el Comité Federal del PSOE que hubo tras esas supuestas críticas él fue el primero que se levantó para apoyar la política económica de Zapatero». «Trató de emular lo que había hecho algún predecesor suyo en el cargo —apostilla en nada velada alusión a José Bono—, pero enseguida reculó».


