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Entre sus numerosos miembros los hay reservados y mediáticos, una oveja negra, una bohemia... y varios discretamente recluidos en familia
La maldición de los nietísimos
La familia en el nacimiento de María Aránzazu (Arancha) /Archivo ABC
Los discretos...
La maldición de los nietísimos
Mariola (1952): Discreta y felizmente casada con Rafael Ardid. Aunque estudió Arquitectura, nunca ejerció. Mujer familiar y tranquila
La maldición de los nietísimos
Merry (1956): Su boda y posterior divorcio del escritor Jimmy Giménez Arnau fue paso de titulares. La relación con su ex es nula
La maldición de los nietísimos
José Cristóbal (1958): De joven fue rebelde, después encontró la serenidad al lado de la presentadora y modelo José Toledo y sus dos hijos
La maldición de los nietísimos
Arancha (1962): Es la única de la familia que no tiene hijos. Más como hobby que como negocio montó una empresa de encuadernación
Los polémicos...
La maldición de los nietísimos
María del Carmen (1951): Defiende el espíritu del «vive y deja vivir». Nadie se sorprende si aparece bailando en la tele o posando entre gorilas
La maldición de los nietísimos
Francis (1954): Amante de la caza y administrador de la fortuna de su madre. En trámites de divorcio de Miriam Guisasola
La maldición de los nietísimos
Jaime (1964): Reconoció públicamente en televisión su adicción a las drogas y que está luchando por superarla
Actualizado Domingo , 18-04-10 a las 20 : 55
Hace menos de tres semanas hubo reunión familiar de los Bordiú. Casi 90 primos se juntaron en los salones del restaurante Araceli en Sán Agustín de Guadalix para un encuentro único y puede que irrepetible. En esa comida sólo estuvieron dos de los Martínez-Bordiú: Cristóbal, con su mujer Jose Toledo y sus dos hijos, y Jaime, que acudió con su niño. Fue casi por casualidad que se enteraron del cónclave, dado que su prima Clotilde se había quedado como encargada de convocarles, pero se le pasó la fecha al encontrarse casi todo este tiempo en su casa de Gstaad. De ahí que el resto de los hermanos no pudieran ajustar agendas.
Por eso cuando apenas diez días después los Bordiú se enteraron del desagradable suceso que protagonizó Jaime tras ser denunciado por un conductor que le acusó de embestirle con el coche y de amenazarle con un arma, la sorpresa fue tremenda. Considerado el garbanzo negro de la familia, la mayoría pensaba que sus peores días habían acabado ahora que había vuelto al hogar y seguía tratamiento de desintoxicación. Jaime prometió a su madre que esta vez iba en serio. Dentro de la cura era fundamental que viviera en la casa familiar y no en la de las afueras de Madrid, en Villafranca, adonde se dirigía el día de marras después de haber pasado la noche en un «after hours».
En contra de su costumbre de guardar silencio, esta vez la propia duquesa de Franco aclaró rápidamente que lo de la pistola de su hijo no podía ser verdad puesto que no tiene armas. A sus 83 años, Carmen Franco Polo, Nenuca para sus padres y Carmencita para la mayoría de los españoles, está viviendo algo que no esperaba, la preocupación constante por un hijo que no acaba de remontar y que le quita el poco sueño que queda cuando uno llega a cierta edad.
Madre de siete hijos, abuela de varios nietos y bisabuela de seis bisnietos (tres en camino) Carmen Franco es hoy una mujer que lleva una vida tranquila junto a los suyos (sus hijas Arancha y Mariola comen casi a diario con ella) y que suele compaginar su casa de Hermanos Bécquer (dispone de un mecánico, una cuidadora gallega y un matrimonio filipino) con el Pazo de Meirás, donde suele estar en verano así como el apartamento que tiene en La Granja de San Ildelfonso, puesto que el de Sierra Nevada es hoy de su hijo Cristóbal. Hace años decidió repartir entre sus hijos los terrenos que tenían en Arroyomolinos, la finca Valdefuentes, una de las joyas de la herencia de Franco de casi diez millones de metros cuadrados que con el tiempo pasaron de ser terreno rústico a urbanizable.

Así, en 2003 consiguieron que se recalificaran casi cuatro millones de metros cuadrados dando lugar a una urbanización, un centro comercial y un polígono industrial. Se habla de millones de euros aunque las cifras exactas en la economía de los Franco siempre ha sido un misterio. Un conglomerado de empresas engloban el patrimonio de Carmen Franco. Lo administra su hijo Francis, en quien confía plenamente. Es más, dicen que la duquesa no hace nada que no supervise su adorado hijo. Al negocio de Valdefuentes se suman los ingresos que obtuvieron de las ventas de los olivares de Jaén que heredaron de su padre, el marqués de Villaverde, ventas por las que hoy los Franco pueden vivir holgadamente.
Sobre el carácter de la duquesa de Franco muchos coinciden en que su conocida frialdad se debe a todo lo que ha sufrido cuando fue la esposa de Cristóbal Martínez Bordiú, periodo en el que siempre estuvo en dimes y diretes, en una España donde las mujeres callaban y aguantaban. No tuvo la osadía de su hija Carmen ni el espíritu bohemio de Merry. Se tragó todos los sapos de su matrimonio sin levantar la voz ni montar un escándalo. Ser además la hija del Generalísimo no ayudaba para ciertas costumbres. «Sin embargo, es una mujer muy agradable con las personas cercanas, intenta hacer la vida fácil a los demás y que se sientan a gusto. Sus hijos y sus nietos la adoran», dice un familiar. La definen «templada y equilibrada». Y dicen que «supo callar lo que no debía contestar». De sus hijas la que más se le parece es Mariola.
Sus hijos no han seguido su ejemplo. El mayor, Francis Franco ya va por su segundo matrimonio fallido. Se casó en primeras nupcias con María Suelves, hija de los marqueses de Tamarit. Después del divorcio llegó su boda con Miriam Guisasola. Aunque el matrimonio se encuentra en trámites de divorcio, eso no quita para que mantengan una relación amistosa y aún compartan el chalé de la calle Serrano. Amante de la caza y administrador de la fortuna de su madre, el último titular que ha protagonizado en la prensa fue por el altercado con una guarda jurado del AVE de Zaragoza que le denunció por insultos e intento de agresión tras prohibirle que accediera al tren al estar el control cerrado. Francis sorprendió con su presencia en televisión (DEC) para dar su versión.
Carmen, a su aire
De todos los hijos sin duda la más mediática es Carmen. Casada en terceras nupcias con José Campos, a la herencia familiar se suman los beneficios de sus muchas exclusivas. No se corta un pelo a la hora de vender su vestido de novia, el viaje de luna de miel o la casa donde habita. Defiende el espíritu del «vive y deja vivir». Su carácter no tiene nada que ver con el de sus hijos Luis Alfonso y Cinthya, unos jóvenes más serenos y tranquilos.
Discreta y felizmente casada con Rafael Ardid es como vive Mariola. En su juventud estudió Arquitectura, pero nunca ejerció. Madre de tres hijos, es una mujer familiar y tranquila que disfruta de su casa de Villafranca del Castillo. Ha pasado unos años muy malos a causa de una lesión que se hizo en el hombro al resbalar mientras jugaba al fútbol con uno de sus hijos en la cocina, y de la que no se ha recuperado a pesar de las más de quince operaciones que le han hecho. Ese accidente le impide practicar una de sus pasiones, el pádel.
La maldición de los nietísimos
Carmen Franco en la inauguración del Rastrillo de Nuevo futuro
Un misterio es la vida de Merry, que acaba de ser abuela. Su boda y posterior divorcio de Jimmy Giménez Arnau fue pasto de titulares y aún conserva actualidad, dado que la relación con su «ex» es nula y eso afecta también a su hija Leticia, quien el verano pasado se casó con un empresario venezolano que se dedica a fabricar colchones. La ceremonia, como es tradición en la familia, se celebró en el Pazo de Meirás y no se invitó al padre de la novia. En la actualidad Merry no tiene pareja, ha descuidado mucho su aspecto y vive entre su apartamento de Sierra Nevada, Madrid y Miami. Siempre fue la bohemia.
Cristóbal deja el Ejército
Aunque de joven fue el rebelde, Cristóbal encontró la serenidad al lado de la presentadora y modelo Jose Toledo, con quien se casó en Nueva York en 1985. Dejó los estudios de Arquitectura para ingresar en el Ejército, pero el bombazo llegó cuando abandonó la carrera militar. A pesar de ser nieto de Franco ese mundo no era el suyo. El matrimonio vive en la parte que les tocó de la finca Valdefuentes, donde años atrás explotaron un picadero que hoy únicamente usan de forma privada.
Arancha es la única de la familia que no tiene hijos y se sabe que más como hobby que como negocio montó una empresa de encuadernación y que hace trabajos para la familia o los muy amigos.
En cuanto a Jaime… Su vida y sus problemas están en todos los medios. Divorciado de Nuria March, fue novio de la catalana Ruth Martínez a a quien los Franco consideran «nefasta». Le denunció por malos tratos y la Justicia falló a favor de la joven. Tras varias rupturas y reconciliaciones, finalmente Ruth decidió acabar con esa historia y empezar una nueva vida en Barcelona. En uno de sus intentos por recuperarla Jaime reconoció públicamente que era drogadicto y que estaba luchando por salir de esa adicción. Cuantos le han visto en las últimas semanas aseguran que está dispuesto a cumplir lo que había prometido a su madre.
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