Cráneo del Australophitecus sediba / Science
Actualizado Martes , 13-04-10 a las 14 : 43
Los restos fosilizados de Australophitecus sediba, el nuevo homínido de 1,9 millones de años descubierto en una cueva sudafricana por el paleontólogo Lee Berger, podrían contener remanentes de tejido cerebral, según los datos de un estudio realizado sobre los huesos por medio de microtomografía de rayos X sincrotón, una nueva técnica que permite escanear fósiles y revelar en tres dimensiones detalles con una precisión sin precedentes.
Está claro que Berger y su equipo de científicos no han escatimado en medios a la hora de estudiar los fósiles de Australopithecus sediba, el homínido presentado en sociedad la semana pasada en la revista Science y que es un firme candidato a convertirse en el primer antepasado directo del hombre.
Y es que, como resulta lógico, no todo lo que se sabe alrededor de esta nueva especie fue publicado por la prestigiosa revista científica, por la evidente razón de que las investigaciones continúan, y han seguido arrojando datos y resultados que no ha dado tiempo de incluir en ninguno de los dos artículos realizados por los investigadores.
Restos cerebralesEntre esos resultados aún no publicados, se encuentran los análisis llevados a cabo sobre una parte de los fósiles a lo largo del pasado mes de febrero en el Sincrotón Europeo de Grenoble (ESRF), por el paleoantropólogo Paul Tafforeau. Un análisis cuyos resultados preliminares muestran, en la roca fosilizada que rodea y que hay en el interior del cráneo del ejemplar juvenil, la presencia de lo que podrían ser los huevos del insecto que devoró el cadáver y, lo que resulta mucho más impactante, indicios de la presencia de restos cerebrales del ancestral muchacho.
El uso de la microtomografía de rayos X sincrotón para el estudio de fósiles es una técnica desarrollada por el ESRF, en concreto por Paul Tafforeau y su equipo. Se trata de un método no destructivo y que permite a los científicos, literalmente, visualizar en 3D lo que hay dentro de una roca fosilizada, incluso a escalas de milésimas de milímetro, sin necesidad de romperla. Fue precisamente ésto lo que animó a Berger, el descubridor de los fósiles sudafricanos, a permitir que diversos fragmentos de uno de los dos esqueletos encontrados viajaran hasta Francia el pasado febrero para ser sometidos al análisis durante una exhaustiva investigación de dos semanas.
Los expertos del ESRF estudiaron, por ejemplo, los dientes del fósil, analizando y revelando hasta el mínimo detalle de sus líneas internas de crecimiento, lo que permitió establecer la edad del individuo cuando murió (y que equivale a los 13 años de un niño de la actualidad). Pero Berger decidió llevar la investigación más allá y pidió al equipo de Tafforeau que rastreara posibles restos de tejidos que normalmente no fosilizan, como por ejemplo el cerebro.
Un «relleno» intactoA diferencia de lo que se suele hacer con los cráneos fósiles una vez encontrados, Berger no vació el suyo, limpiándolo por completo de las rocas y sedimentos adheridos a él, sino que conservó intacto el "relleno" interior de la cavidad craneal. Una medida muy previsora y que permitirá, ahora y en el futuro, efectuar tipos de análisis que hasta el momento no era posibe abordar. El procedimiento utilizado implica muchos terabytes de datos, una cantidad ingente de información que apenas si está empezando a ser analizada.
A pesar de ello, la visualización preliminar del cráneo completo del homínido está revelando pequeños e intrigantes detalles. Entre ellos, los huevos fosilizados del insecto cuyas larvas se alimentaron de la carne del muchacho después de su muerte, hace casi dos millones de años. Y también una extensa área de muy poca densidad y que podrían ser los restos del cerebro del homínido.
Esta es la segunda vez que el cráneo completo de un homínido es examinado por medio de la radiación sincrotón. Pero la novedosa técnica se está revelando capaz de abrir líneas de investigación hasta ahora inimaginables para los paleontólogos. Todo un nuevo reto para la ciencia y que podría también ser abordado en España, en el recién inaugurado sincrotón Alba, en Cerdanyola del Vallès (Barcelona), que empezará su producción científica a principios de 2011.

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