Actualizado Martes , 06-04-10 a las 14 : 58
Como si el cielo hubiera disparado un batallón de ametralladoras, miles y miles de fragmentos de un gigantesco cometa como los que cayeron en el conocido evento Tunguska -el fenómeno que arrasó más de 2.000 kilómetros cuadrados de tundra siberiana en 1908- golpearon la Tierra durante una hora hace 13.000 años. Los impactos se produjeron en una amplísima zona de dimensiones continentales y cada uno de ellos generó la energía equivalente a una bomba nuclear de un megatón, lo que puede dar una idea de las dimensiones inconmensurables del brutal «ataque» sideral. El intenso enjambre de meteoros causó colosales incendios y un gran enfriamiento del planeta y pudo provocar en lo que ahora es Canadá y Estados Unidos a extinción de más de 35 familias de animales, incluidos grandes mamíferos como mamuts, camellos, mastodontes, enormes castores y perezosos de tierra del tamaño de un vehículo utilitario.
Este escenario apocalíptico ha sido descrito por el astrónomo Bill Napier, del Centro de Astrobiología de la Universidad de Cardiff. La idea de que un meteorito o un cometa provocó esta catástrofe viene de lejos y es polémica -de hecho, muchos investigadores no la comparten-, pero Napier viene a apuntar una nueva visión del asunto: no fue el impacto de un bólido espacial lo que provocó la catástrofe, sino la lluvia de miles de rocas causada por un encuentro fatal de la Tierra y un peligroso cometa en plena desintegración.
Diamantes y hollínPero vayamos por partes. Según la teoría conocida, el enfriamiento de unos 8º C provocado por el impacto de un cometa interrumpió el calentamiento que había comenzado a producirse al final de la última era glacial, lo que pudo causar la gran extinción de mamíferos que los investigadores sitúan en el Lago Appleman (Indiana), y la desaparición de la cultura de los clovis. Lo cierto es que la etapa de enfriamiento duró más de mil años. Una de las pistas que lleva a esta hipótesis es la aparición de una «alfombra negra» de unos centímetros de espesor situada bajo el suelo de numerosas zonas de EE.UU. Esa alfombra contiene altos niveles de hollín, indicativos de incendios forestales a escala continental, así como diamantes hexagonales microscópicos (nanodiamantes) que son producidos por grandes impactos y que sólo se encuentran en meteoritos o en los cráteres que dejan estos bólidos sobre la Tierra tras una colisión.
La principal objeción que se ha puesto a esta teoría es que la posibilidad de un gran impacto de un asteroide de ese tamaño contra la Tierra es una contra mil. Además, el calor generado por la bola de fuego se habría limitado por la curvatura del horizonte y no podría explicar la presencia de incendios forestales en todo el continente.
Un encuentro fatalNapier, que ha publicado su estudio en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, ha desarrollado un nuevo modelo astronómico de lo sucedido. Según su trabajo, la Tierra no recibió el impacto de un cometa, sino que entró en el denso camino de material procedente de un cometa que se estaba desintegrando. Según explica, existen pruebas convicentes de que un cometa de estas características entró en el interior de nuestro sistema planetario hace unos 25.000 años, y desde entonces ha ido fragmentándose. En el curso de esta desintegración, la Tierra tuvo la mala pata de cruzarse en su camino y recibir miles de fragmentos. Según el experto, este panorama «es mucho más probable que una única gran colisión».
Los científicos conocen un hecho semejante ocurrido en el año 2000, la lluvia de rocas caída sobre el lago Tagish, en el territorio de Yukon, en el año 2000.

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