La posibilidad de que EE.UU. despliegue un escudo antimisiles en Rumanía y Bulgaria, tras renunciar a hacerlo en Polonia y la República Checa, preocupa mucho en Moscú. Rusia ya ha exigido detalles sobre el dispositivo que, según Washington, serviría para defender a Europa de un ataque con misiles de medio alcance desde Irán.
El Kremlin ha logrado que el Nuevo START incluya una cláusula que permita a cualquiera de las dos partes abandonar el tratado si detecta que la otra desarrolla un sistema defensivo amenazante para su seguridad. Tal fue la puntualización que hizo el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, el 26 de marzo, cuando se anunció que el acuerdo estaba prácticamente listo para su firma. El viernes, el asesor presidencial Serguéi Prijodko avanzó que el día 8 en la capital checa «Rusia, de forma unilateral, publicará una declaración advirtiendo que denunciará el nuevo acuerdo si el escudo antimisiles norteamericano adquiere proporciones que pongan en peligro nuestros intereses nacionales».
El fantasma de Irán
Por el mismo motivo, Moscú ya abandonó, en julio de 2007, el tratado de limitación de Fuerzas Convencionales en Europa (FACE). Durante su primera visita a Rusia, en julio del año pasado, Obama dijo ante los estudiantes de la Nueva Escuela de Economía de Moscú que si se pusiera fin a la amenaza que supone Irán en el plano nuclear y balístico, el sistema antimisiles «dejaría de tener sentido».
Una clara insinuación para que Moscú colabore más en la cuestión iraní. Sin embargo, el Kremlin sigue pensando que el polémico escudo está dirigido en realidad contra Rusia, y ésa ha sido la causa de la demora en consensuar el acuerdo de desarme.
En cualquier caso, el nuevo tratado incluye un apartado que vincula, aunque no equipara, las armas estratégicas ofensivas y las defensivas, algo que, según el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, «no restringe la defensa antimisiles».
Otro obstáculo en la negociación fue la cuestión de las inspecciones, y ahí Rusia logró salirse con la suya. Prijodko ha señalado que, con la firma del nuevo documento, «no será ya necesaria la presencia permanente de inspectores americanos -ausentes ya desde diciembre- en nuestra factoría de Votkinsk». Allí, a orillas de río Kama, se fabrican los misiles rusos intercontinentales de la última generación Tópol-M, y los Bulava.
Propaganda antiamericana
Según una encuesta publicada en marzo por el Instituto Levada de Moscú, el 73% de los rusos ven a los Estados Unidos como un «país agresor que aspira a controlar el mundo». Sólo un 9% de los ciudadanos consultados creen que los estadounidenses promueven «la paz, la democracia y el orden». La propaganda antiamericana en Rusia ha sido especialmente profusa durante el mandato de Vladímir Putin.


