Jueves , 25-03-10
El partido de ida se ha resuelto con victoria para Ignacio Galán. Florentino Pérez tendrá que esperar al encuentro de vuelta, después de Semana Santa, e invocar al espíritu de las grandes remontadas, que, la verdad, este año no ha servido para que su Real Madrid del alma superase los octavos de final de la Champions League.
Pero aquí no hablamos de fútbol, sino de blindajes corporativos o, para decirlo más exactamente, de esas limitaciones a los derechos políticos en las sociedades cotizadas que fueron introducidas durante la etapa ministerial de Rodrigo Rato para preservar la españolidad de las grandes joyas de la corona empresarial. La experiencia de lo ocurrido en Endesa es la referencia más evidente de lo que el Gobierno no puede consentir que suceda en Iberdrola. Por eso no se entiende el empeño del grupo socialista por levantar como sea estas restricciones estatutarias que determinadas compañías han adoptado por acuerdo soberano de sus juntas de accionistas.
El PSOE se quedó ayer en minoría en el Congreso y tuvo que plegar velas hasta el próximo 6 de abril, cuando la llamada enmienda del ladrillo vuelva a ponerse sobre el tapete para su refrendo legislativo. De aquí a entonces se suscitarán nuevas presiones políticas a diestro y siniestro del arco parlamentario en un afán por defender no se sabe muy bien qué intereses y para qué objetivos.
La solución a tamaña discusión pasa por una disposición transitoria que otorgue un plazo mínimo de un año de modo que las sociedades estratégicas que disponen ahora de blindajes puedan levantarlos de manera ordenada. La reclamación, planteada por CiU y respaldada por el PP, es una invitación que el Gobierno debería aceptar si quiere hacer valer la oferta de pactos formulada por Zapatero. Puede que esta opción no facilite los planes de ACS con Iberdrola, pero Florentino es un hombre paciente y a fe que lo viene demostrando en su pulso con Galán.

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