El coste político de la reforma sanitaria
Lema contra la reforma sanitaria, frente al Congreso de Washington / AFP
Actualizado Lunes , 22-03-10 a las 20 : 12
El intento de garantizar a casi todos los ciudadanos de Estados Unidos cobertura médica por primera vez en su historia -materializado este domingo por la noche gracias a una ajustada mayoría en la Cámara de Representantes- no termina con el compromiso de invertir casi un billón de dólares durante la próxima década e imponer nuevas regulaciones sobre una sexta parte de la mayor economía del mundo. A partir de ahora, la reforma sanitaria entra en el terreno electoral como cuestión clave de cara a las próximas legislativas de noviembre, entre grandes dudas sobre su impacto político.
Recuperando su tono de campaña, el presidente Obama argumentaba al conocer la histórica decisión de la Cámara Baja que “nos hemos levantado sobre el peso de nuestra política” y que los estadounidenses “han demostrado que todavía somos un pueblo capaz de hacer grandes cosas y plantar cara a nuestros mayores retos”. Sin dejar de parafrasear a su admirado Abraham Lincoln al recalcar que esta legislación prueba de manera fehaciente que “este gobierno -un gobierno del pueblo y para el pueblo- todavía trabaja para el pueblo”.
Ante los temores de que toda esta expansión gubernamental pueda suponer que los demócratas pierdan en noviembre sus actuales mayorías en el Congreso federal, Barack Obama ha reconocido que la votación del domingo “no era fácil pero era la correcta”. A su juicio el plan de reforma que promulgará con su firma en los próximos días, aunque no es exactamente una panacea, “nos hace avanzar decisivamente en la dirección correcta”.
Al final, la versión aprobada ha registrado el voto en contra de todos los miembros en bloque de la minoría del Partido Republicano en la Cámara Baja. Acompañados por 34 diputados demócratas, en su mayoría representantes de distritos conservadores. Lo que da una idea de la polarización política que la reforma sanitaria produce en un país con una génesis de desconfianza gubernamental y una tradición que siempre ha apostado más por lo individual que por lo colectivo.
Acuerdo de última hora sobre el aborto
Para hacer posible un resultado que era impensable hace tan sólo un mes, Obama tuvo que aceptar un acuerdo de última hora para contentar a un decisivo grupo de diputados demócratas pro-vida dispuestos a negar su voto por temor a que la reforma facilite dinero público para la práctica de abortos. El presidente se ha comprometido a emitir una orden ejecutiva expresamente prohibiendo la posibilidad de subvenciones para interrupciones forzadas del embarazo.
Los republicanos no han ocultado su intención de convertir las elecciones legislativas del 2010 en un referéndum sobre el llamado “ObamaCare”. Como aseguraba Pete Sessions, diputado por Texas y portavoz conservador, “nos vamos a presentar a los comicios con la promesa de repeler esa legislación”. Con reiterados reproches de que se trata de una nacionalización encubierta y un intolerable despilfarro de dinero público cuando la economía americana todavía no se ha recuperado de su peor crisis desde la Gran Depresión.
Quieren repetir el éxito de Massachusetts
Los conservadores consideran que con la impopularidad que arrastra la reforma sanitaria, los comicios de noviembre pueden ser una edición corregida y aumentada de lo ocurrido a principios de este año con el escaño de Ted Kennedy en Massachusetts. Y operan con la certidumbre de poder capitalizar a su favor las frustraciones económicas existentes, el malestar contra Washington y también las dudas planteadas por la reinvención sanitaria, pese a haberse descartado la creación de un seguro publico alternativo.
Según ha advertido el senador John McCain, rival de Obama en las presidenciales del 2008, no habrá tregua: “Por primera vez en nuestra historia vamos a tener una trascendental reforma sin respaldo bipartidista. Vamos a plantear todos los retos posibles. Vamos a luchar en todas partes. El pueblo americano no quiere esta reforma. Nosotros vamos a intentar que sea anulada y vamos a tener una pasional campaña desde ahora hasta noviembre. Habrá un alto precio que pagar por lo que se ha hecho”.
Ofensiva de la Casa Blanca para contener daños electorales
En este sentido, encuestas como Gallup indican que una clara mayoría de los americanos realmente cree que lo aprobado por el Congreso en última instancia va a plantear graves problemas adicionales tanto al país en su conjunto como a ellos personalmente. Los sondeos también indican una mayoría popular en contra de la reforma, a pesar del respaldo que puedan tener determinados elementos individuales.
Además de preparar una apoteósica ceremonia de firma, esta semana Obama volverá a sacar a la calle la defensa de su iniciativa prioritaria con diversos actos al estilo de su campaña presidencial. La ofensiva de la Casa Blanca para contener daños electorales, según avanzaba el “Washington Post”, se va a concentrar en tres fases. Primero, la inmediata resaca. Después, los siete meses que faltan hasta las elecciones legislativas. Y finalmente, los diversos plazos graduales previstos en la aplicación de la reforma.
La idea de los demócratas es no dejar de promocionar los potenciales beneficios de la reforma y presentar a los republicanos como obstruccionistas aferrados al “no”, además de seguir apretando a fondo el acelerador legislativo con nuevas regulaciones financieras, un nuevo impulso para la creación de empleo, cambios en materia educación, nuevas reglas de financiación electoral y, si fuera posible, una reforma del sistema de inmigración.

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