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Domingo , 21-03-10
EN efecto, tiene razón el ministro del Interior, Alfredo Pérez-Rubalcaba, cuando afirma que «podíamos haber hecho mejor las cosas». Cinco bomberos catalanes fueron detenidos e interrogados durante varias horas por las autoridades francesas después de que alguno de los testigos del asesinato del gendarme francés por ETA reconociera a uno de ellos como integrante del grupo terrorista que lo perpetró. El vídeo de un centro comercial, en el que aparecen grabados los bomberos mientras hacían compras, fue el origen de la confusión. El episodio no debe empañar la colaboración entre las policías española y francesa, ni convertirse en la noticia final de lo que empezó siendo un brutal y alevoso asesinato. Ahora bien, tampoco resultó acertada la opinión del presidente del Gobierno cuando pidió ayer «no exagerar» en este asunto: no hace falta exagerar para poner de manifiesto la gravedad que conlleva interrogar a cinco ciudadanos inocentes a causa de una identificación visual errónea. Es comprensible el contexto de tensión policial en el que se ha producido este lamentable percance, pero nada hay de exagerado en reclamar más profesionalidad y rigor para el futuro. La Policía española sabe bien que los reconocimientos visuales no son completamente fiables, y que deben ir respaldados por otros indicios. Un día de compra en grupo, en un centro comercial dotado de vigilancia por vídeo, mal se compagina con una fuga a la carrera tras asesinar a un gendarme francés.
La sinceridad del ministro del Interior al asumir una parte de responsabilidad por lo sucedido debe reconducir la polémica a sus justos términos, sin exagerar: un error inaceptable que no debe repetirse. Y a partir de ahí, ETA sigue siendo la prioridad de las policías española y francesa. Su derrota policial e incondicional es el único desenlace legítimo para un Estado de Derecho. No hay espacio para nuevas componendas con una banda criminal -en proceso de mutación mafiosa- que asesina y que sigue extorsionando a empresarios con exigencias de dinero a cambio de no matarlos, como ha sucedido con una nueva campaña de chantaje a finales de febrero pasado. Sin embargo, los efectos de la presión policial se han hecho notar también en las redes extorsionadoras de ETA, porque muchos de sus integrantes han sido detenidos o están huidos, lo que ha impedido a algunos empresarios pagar el chantaje. Derrotar a ETA es lo que importa. Y no cometer más errores como el del vídeo de los falsos terroristas.
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