Superación a toque de trompeta
Rafael Calderón, con su pasión: la trompeta, que le ha acompañado durante sus 25 años / PEPE ORTEGA
Sábado , 20-03-10
Tartamudea al hablar, pero con la trompeta no hay pausas. Es un medio de expresión que domina, en el que se le nota cómodo y con el que se siente uno más. Sin barreras ni límites. En la música da igual que sus rasgos físicos le delaten como una persona con síndrome de Down. Lo único que vale es que suene bien. Y lo hace.
«Al Síndrome de Down no le doy más importancia. Unos aprenden más rápido, y otros más despacio; pero se consigue igual poco a poco», asegura Rafael Calderón, que en junio se convertirá en la primera persona en España con este trastorno genético en concluir el grado profesional de música. Sólo le queda una asignatura y sus profesores dan por hecho que la superará. Está preparado. La clave: «Esfuerzo y valentía».
«Para mí no hay barreras»
Dice una y otra vez que la música es su vida. «Me persigue, y yo a ella», afirma. De pequeño escuchaba tocar junto a su casa a la Banda Juvenil Miraflores-Gibraljaire, veía a los niños con su instrumento a cuestas. y él quería estar allí. Lo consiguió. Pero todos sus compañeros cursaban los estudios oficiales de música, y él no podía ser menos. «Para mí no hay barreras», defiende Rafa, de 25 años.
No fue fácil. La familia tuvo que recurrir al Defensor del Pueblo para solicitar su ingreso en los estudios elementales porque superaba la edad reglamentaria. Un obstáculo más que resolvió con éxito. De eso hace ya 12 años, el tiempo que lleva formándose en el Conservatorio Manuel Carra de Málaga. Un periodo en el que ha sacado adelante el colegio primero y el instituto después, compaginándolos con las clases particulares, el conservatorio y la banda de música. «A veces estaba agobiado, pero con paciencia todo se consigue», cuenta.
Paciencia, «constancia y ganas de aprender», remarca José Antonio Aragón, profesor de Trompeta y tutor de Rafael, que buscó estrategias metodológicas para poder llegar al joven y sacar el máximo partido de su capacidad musical. Esos valores y su simpatía le han valido «el respeto» de todos en el Conservatorio, tal y como apunta la profesora Nuria Aragú. «Sus habilidades sociales son admirables».
Amistad y compañerismo
Cada vez que tiene la oportunidad agradece el apoyo que recibe de los que le rodean. Por eso, no está dispuesto a que pase esta conversación sin interpretar el himno del Colegio Gibraljaire, cuya banda le dio su primera trompeta. «En Miraflores-Gibraljaire ha conocido la amistad y el compañerismo; allí se le ha tratado como a otro cualquiera», apunta el subdirector de la agrupación, Manuel Aragú. A cambio, «con él hemos aprendido una lección extraordinaria: no se puede despreciar a nadie».
Rafa sabe lo que es enfrentarse a pruebas complicadas, y ahora le esperan nuevos retos como aprobar las pruebas de acceso al grado superior. No le quita el sueño. «Si no lo logro este año, las haré de nuevo el año que viene... Nunca hay que tirar la toalla».

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