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Una «cremá» taurina «light»
El diestro Enrique Ponce da un pase a su primer astado, durante la corrida de toros de la Feria de Fallas celebrada este viernes en Valencia / EFE
Actualizado Sábado , 20-03-10 a las 00 : 19
El cartel del día grande de las Fallas parecía reunir todos los ingredientes para el éxito popular. Un día más, los toros han impedido la esperada apoteosis.
La corrida de Núñez del Cuvillo -la que lidia más toros, la predilecta de José Tomás- ha colmado la paciencia del santo público valenciano: presentada en escalera (el tercero, con cien kilos más que varios), escurridos, anovillados. Se han movido pero con muy poca clase: flojos, rebrincados, sin emoción...
El presidente se ha equivocado al no conceder a Castella la oreja en el segundo, con una petición semejante a la de Ponce en el anterior, y el personal se ha entretenido abroncándole.
Han sido justamente ovacionados, con las banderillas, Juan José Trujillo y Curro Molina, formidable también al correr al toro a una mano.
Ha hecho bien el empresario al conceder el protagonismo en los carteles de esta Feria a Enrique Ponce, al cumplir veinte años de alternativa, anunciándole tres tardes.
En la Feria de Julio de 1922, Ignacio Sánchez Mejías se anunció siete tardes seguidas. (¿Qué torero de hoy haría eso?). En una de ellas, se arrodilló delante de un Miura y, como alarde, se sacó del bolsillo un pañuelo para secarse el sudor...
Aunque el martes hizo una faena memorable a un manso, Ponce sigue sin abrir la puerta grande. Su primero, justito de todo, se queda corto y rebrincado. Muestra su sabiduría al meterlo en la muleta y su pulcra estética al ligar bien los remates. Corta una oreja sin especial peso.
El segundo, con clara querencia a chiqueros, se para por completo en la muleta: nada que hacer.
Acompañar con la cintura
Manzanares muestra su empaque al acompañar con la cintura, en el tercero, aunque a veces le tropieza la muleta. El toro se apaga muy pronto. En el último, como decían los revisteros clásicos, ídem de ídem.
Las fans que han venido, como si fueran a un concierto de rock, con un ramo de flores preparado para lanzárselo y el rótulo «Te queremos, José Mari. No te cases» se han de volver con él a casa.
El protagonismo de la tarde recae en Castella. Ha hecho buena campaña en América y se le ve muy seguro, con mucho sitio. En el segundo, que protesta y se queda corto, logra calentar los tendidos con alardes de valor, metido entre los pitones. La negativa del presidente a darle la oreja me parece injusta pero él debió dar la vuelta al ruedo.
La esperada revancha viene en el quinto: pases cambiados de clamor, buenos naturales, desplantes, circulares. Como compensación, van a pedirle las dos orejas, pero falla con la espada, su punto flaco, y el presidente se libra de una buena...
En 1934 escribió Corrochano de toros que «eran muñecos de falla, sin fuerza ni codicia». Hoy, buscando un toro colaborador con los toreros, se acaba consiguiendo el que colabora en el aburrimiento del público. Ha sonado una voz: «¡Hay que ir cambiando de ganado!» ¿Lo entenderán las figuras?
La noche del jueves ha sido la «nit del foc»; la del viernes va a ser la «cremá» de las Fallas. En los dos casos, el fuego y la pólvora tienen un ritmo, una musicalidad, un «crescendo» que producen algo orgiástico: una explosión de vida, de alegría incontenible.
Eso ha de darnos también la Fiesta: la emoción única del triunfo de la inteligencia sobre la fuerza animal creando belleza.
No cabe imaginar una «cremá light». Por desgracia, eso es lo que hemos visto hoy en la Plaza.
Antes de entrar saludo a Paco Brines, poeta grande y exigente aficionado: ¿con qué desilusión habrá asistido a la corrida de hoy? Él es uno de los que han reivindicado a don Manuel Machado, el que cantó «La hermosa fiesta bravía / de terror y de alegría / de este viejo pueblo fiero.../ ¡Oro, seda, sangre y sol!» En muy poco se parece eso a la fiesta «light» que hoy hemos sufrido.
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