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Jueves , 18-03-10
Su herencia le costó en 2006 a Luis Fernando la muerte a manos de su compañero sentimental, Jesús Gilberto, un venezolano de 39 años al que su codicia le llevó a idear un macabro plan para acabar con la vida de su novio. Un tercer hombre que se había entrometido entre Luis Fernando y Jesús Gilberto fue el detonante.
La Fiscalía solicita para el procesado, en prisión desde el 10 de noviembre de 2006 por estos hechos, una pena de 20 años de cárcel por un asesinato con alevosía. «El acusado no padece ninguna enfermedad mental que le afecte a su capacidad de conocer y querer el alcance de sus actos», advierte el representante del Ministerio Público en su escrito de acusaciones. El juicio, con jurado popular, comenzará el lunes en la Audiencia Provincial de Toledo.
Según el fiscal, Jesús Gilberto y Luis Fernando mantenían una relación sentimental y convivían desde hacía unos siete años en una casa de Villanueva del Pardillo, un pequeño municipio madrileño situado al noroeste de Madrid . Fruto de esa relación, el 29 de mayo de 2006 Luis Fernando, de 48 años, nombró en su testamento a Jesús Gilberto heredero universal.
La cena
Pero para entonces una tercera persona ya se había entrometido en la pareja. Un mes y medio antes, Luis Fernando había realizado un viaje al extranjero durante la Semana Santa y había conocido a un armenio con el que había comenzado una relación sentimental paralela.
Esta relación, que la mantenían viva en internet a través de correos electrónicos, se fue consolidando hasta el punto de decidir que, en octubre de ese año, el ciudadano armenio vendría a vivir a España y comenzaría una vida en común junto a Luis Fernando.
Jesús Gilberto conocía esta relación y sabía que la llegada del armenio supondría el fin de su condición de heredero. Por ello, ideó un plan para acabar con la vida de Luis Fernando, según el fiscal.
Durante la cena del miércoles 20 de septiembre de 2006, cuando ambos se encontraban en el domicilio, Jesús Gilberto suministró a su pareja una benzodiazepina de larga duración con efecto hipnótico que le produjo depresión del sistema nervioso y le llevó a un estado de letargo.
Jesús Gilberto aprovechó para golpearle en la cabeza y envolvió ésta con una bolsa de plástico fuertemente sujetada con cinta adhesiva. Para asegurarse la efectiva muerte de su compañero, le enrolló una bandera de España con el anagrama del toro de Osborne, le colocó otra bolsa de plástico y lo introdujo en un saco de dormir.
Asfixia por sofocación
Inmediatamente después, según el fiscal, Jesús Gilberto introdujo el cuerpo de Luis Fernando en un vehículo, en el que lo trasladó hasta la localidad toledana de Cebolla, distante unos 120 kilómetros de Villanueva del Pardillo. Para entonces la víctima había fallecido de asfixia por sofocación.
Dentro del término municipal de Cebolla, el acusado arrojó a su compañero, ya cadáver, al río Tajo. El cuerpo fue hallado por unos pescadores cuatro días después en una antigua presa hidroeléctrica situada en el paraje conocido como Los Molinos.
Dadas las circunstancias en que se encontró el cadáver, el ajuste de cuentas entre bandas de los países del Este fue una de las hipótesis que se barajó al principio, ya que los delincuentes más sanguinarios suelen envolver a sus víctimas con una bandera después de matarlas.
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