Jueves
, 18-03-10
CUANDO en Cataluña se habla de «guerra» se alude siempre a la del 36 convenientemente reconstruida según la Ley de Memoria Histórica; y si se habla de «independencia», te montan una consulta dominical a la hora del vermú para venderla después como la fiesta de la democracia. Pero si asociamos ambas palabras, «Guerra de la Independencia», la dirigencia tripartita no sabe/no contesta. Parece que el bicentenario de la invasión napoleónica, la «Guerra del Franc_s», no tenga nada qué ver con el Principat.
Pese a la amnesia oficial, en 1810 Cataluña padecía la fase más agresiva de la invasión francesa. Lo explica el historiador Josep Fontana en un muy útil libro de Pòrtic. El general Suchet sitió Lleida en abril para tomarla el 13 de mayo: «Es va combatre carrer per carrer mentre les tropes que manava el mariscal Javier García Conde es refugiaven al castell (és a dir, a la Seu Vella) en companyia d´un cert nombre de ciutadans... Els francesos no van respectar els termes de la capitulació i els indefensos veïns van patir saquejos, violacions, incendis i assassinats».
Fontana desmiente uno de los mitos de la historiografía catalanista sobre la supuesta simpatía de los invasores por nuestra cultura. Que el mariscal Augereau utilizara el catalán «té potser més a veure amb les instruccions napoleòniques per separar aquestes terres del govern de Madrid, preparant-les per a la seva annexió a l´Imperi, que amb una voluntat de donar suport a qualsevol mena de reconstitució autonòmica de Catalunya...». La estrategia «catalanizadora» halló poco eco entre los catalanes. La guerra de la Independencia resulta demasiado compleja para reducirla al «auca» de buenos y malos a que acostumbra nuestra Memoria Histórica Oficial: por lo tanto, no existe. En próximas entregas seguiremos informando del bicentenario olvidado.


