Actualizado Miércoles , 17-03-10 a las 12 : 09
Hace unos días conocíamos que en 2008 el suicidio se había colocado como primera causa de muerte no natural en la población española por delante de los accidentes de tráfico, que hasta entones lideraban las estadísticas. La razón de este cambio en el ranking es que, mientras el número de suicidios se mantiene (3.421 fallecidos), las campañas de prevención de la Dirección General de Tráfico (DGT) parecen haber surtido efecto entre los conductores y las muertes por accidentes han descendido.

«La ausencia de una estrategia nacional de prevención eficaz de la conducta suicida en España es la causa de que en los últimos 15 años las cifras, aunque estables, no hayan descendido», señala a ABC.es Pilar Sáiz, profesora titular de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo-Cibersam.

En los países europeos con las tasas más altas de suicidio ya se han puesto en marcha planes preventivos. En Hungría, por ejemplo, que tenía la tasa más elevada de toda Europa, han conseguido reducir el número de muertes por suicidio a la mitad. Por ello, la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental y la Sociedad Española de Psiquiatría piden que en España se pongan en marcha este tipo de iniciativas, que han demostrado su efectividad.

Incrementar los programas educativos para que los médicos de Atención Primaria aprendan a detectar determinados trastornos y comportamientos que puedan derivar en una conducta suicida es una de las estrategias más efectivas, según explica la doctora Saiz. Otro tipo de programas se basan en la «reducción del acceso a métodos suicidas». Por ejemplo, colocando mamparas de seguridad en los puentes (como en el viaducto de Madrid) o en el Metro, o limitando la cantidad de comprimidos que vienen en las cajas de fármacos para evitar intoxicaciones. Pero la psiquiatra advierte: «No existe un programa preventivo único que sea útil para todos los tipo de población. Hay que perfilar los programas según los colectivos: ancianos, adolescentes...etc».

Trastornos asociadosPero ¿qué hay detrás de una conducta suicida?. En el 90-95 por ciento de los casos existe un trastorno mental diagnosticado. «Las patologías más frecuentes asociadas al suicidio son, por este orden, la depresión, el consumo de alcohol y otras drogas, y la esquizofrenia y los trastornos de personalidad», indica Saiz.

La profesora de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo-Cibersam también señala la genética como un importante factor en los comportamientos suicidas. «La genética juega un papel importante en los comportamientos suicidas. Casi la mitad de las posibildiades de que una persona se suicide está en la carga genética», afirma.

Pero el problema es que no estamos hablando de un único gen perfectamente identificado, como en otras patologías. «El componente genético de la conducta suicida está determinado por las variantes en múltiples genes que hacen al sujeto más vulnerable», explica la doctora Saiz, quien apunta que esta predisposición genética no es suficiente. «Además, es necesario un desencadenante agudo como el propio trastorno mental, enfermedades crónicas, incapacitantes o dolorosas, o una etapa de estrés agudo». En este último caso podrían estar los trabajadores de France Telecom que se quitaron la vida en este último año, coincidiendo con la reorganización de recursos humanos de la empresa.

No siempre es fácil detectar las conductas suicidas, aunque hay situaciones que pueden ponernos en alerta. Cambios bruscos en el carácter de la persona o en su vida social, problemas en las relaciones interpersonales o en el trabajo, un consumo inapropiado de alcohol, el desprendimiento voluntario de posesiones valiosas o verbalizaciones del tipo «no voy a estar mucho tiempo aquí» son algunas de las «pistas». «Pero el mayor predictor en estos casos son las tentativas suicidas previas. Nunca deben minusvalorarse por muy banales que nos puedan parecer», asegura Pilar Saiz.

Pero si se detecta una conducta de este tipo en un familiar o amigo, la doctora Saiz recomienda hablar de la situación, no considerarlo un tema tabú, «porque evitar las preguntas no evita el suicidio». «La familia debe hablar del tema, nunca criticar, ya que para cualquier persona que está pensando en suicidarse, el hecho de que se le pregunte supone un alivio».



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