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EE.UU. anula la visita de su mediador a Israel, pero reitera su firme alianza
AP Un palestino enmascarado, con un hacha y una piedra como armas, se toma un descanso en las luchas que ayer enfrentaron a judíos y palestinos en Jerusalén Este
Miércoles , 17-03-10
LAURA L. CARO CORRESPONSAL
JERUSALÉN. Estados Unidos emitió ayer señales contradictorias en relación a la crisis con Israel, al anunciar por la mañana la suspensión de la visita a Jerusalén del enviado de Barack Obama a Oriente Próximo -que estaba prevista para el martes-, y negar por la tarde que existan problemas en las relaciones bilaterales.
La encargada del conciliador mensaje fue la secretaria de Estado, Hillary Clinton, que en una comparecencia pública subrayó en nombre de Washington el «compromiso absoluto con la seguridad de Israel», y reiteró la existencia de «un vínculo inquebrantable» ente ambos países.
A diferencia de esa efusividad, tibia fue su mención al conflicto desatado la semana pasada (después de que Tel Aviv anunciara un nuevo proyecto de expansión colonial), que daba al traste con los intentos de reabrir las negociaciones de paz impulsadas por la propia Administración norteamericana. «Nuestro objetivo es contar con el compromiso pleno de los israelíes y los palestinos (en ese proceso)», fue toda la declaración de la jefa de la diplomacia estadounidense, que añadió que ya está habiendo contactos entre funcionarios norteamericanos e israelíes sobre los «pasos que demostrarán ese compromiso».
Pasar página
Hillary Clinton, la misma que el sábado abroncó severamente por teléfono a Benjamin Netanyahu, pasaba por alto así el último desafío del mandatario judío lanzado sólo unas horas antes, cuando reiteró que Israel continuará con la edificación en los asentamientos, aún en contra de los deseos de la Casa Blanca.
Sin embargo, no hay conocimiento «oficial» de tales intenciones en Washington, y se ha preferido hacer oídos sordos. De ahí que la secretaria de Estado explicara ayer que el Gobierno de Obama está todavía a la espera de la respuesta israelí a la lista de demandas que se ha hecho llegar a Tel Aviv para dar por reparado lo sucedido hace unos días.
Netanyahu tiene previsto viajar a Washington el lunes como invitado del principal «lobby» judío en EE.UU. (Aipac), y se espera que en ese viaje ofrezca ya una contestación a las exigencias planteadas. Son tres: que se cancele la decisión de construir 1.600 viviendas en Jerusalén Este anunciada durante la reciente visita de Joseph Biden; que haya un «gesto» que apuntale al presidente palestino como podría ser una liberación de presos, y que Israel se avenga a negociar los asuntos cruciales del conflicto.
A la luz del reto lanzado por Netanyahu, que sostiene que no frenará las obras en Jerusalén Este como no lo hicieron ninguno de sus antecesores, de Menahem Begin a Ehud Olmert, no parece que vaya a haber arreglo. No obstante, el diario «Yedioth Ahronot» aseguraba que el mandatario israelí estaba esperando ayer la visita luego suspendida del mediador de Obama, George Mitchel, para una «reunión de reconciliación», de cuya agenda nada trascendía.
La colonización
EE.UU. contiene la tensión con Israel, pero no sucede así con la que enfrenta en las calles de Jerusalén a la Policía judía con los palestinos. Medio centenar de heridos, en su mayoría de carácter leve, era ayer el balance de una jornada de choques, que se registraba con el estancamiento del proceso de paz y con el agigantamiento de la colonización como mar de fondo.
El anuncio de Israel realizado a principios de mes de que incluirá en su catálogo de Patrimonio Nacional las tumbas de Abraham y Raquel, ubicadas en territorio ocupado al este de la Línea Verde, ya había incendiado los ánimos días atrás. Junto a ello, la excusa última del estallido era esta vez la reapertura de una sinagoga en la Ciudad Vieja de Jerusalén, ante la que Hamás declaraba el lunes la celebración de una «día de ira».
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