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Argelia ha organizado una reunión para abordar con otros países del norte de África (Malí, Burkina Faso, Níger, Chad, Libia y Mauritania) la lucha contra el terrorismo y la delincuencia organizada. No es el primer encuentro de este tipo que tiene lugar, pero los celebrados hasta ahora han servido de poco.
«La cooperación frontal y múltiple entre nuestros países es crucial», dijo el canciller argelino, Mourad Medelci. «La seguridad y la paz son un requisito previo para el desarrollo», añadió.
En el norte de Malí, no lejos de la frontera argelina, están secuestrados por Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI) los españoles Albert Vilalta y Roque Pascual, y una pareja italiana. La forma en que se trata de poner fin a sus cautiverios mantiene enfrentados a algunos países que con el encuentro de ayer parece que tratan de acortar diferencias.
La franja del Sahara y el Sahel, que atraviesa África de Mauritania a Sudán, se ha convertido en un descomunal santuario para AQMI, entre otros motivos, por la falta de coordinación y colaboración entre los países de la región.
Delincuentes y traficantes de todo tipo, a menudo compinchados con los terroristas, aprovechan también el desgobierno para abrir rutas por las que mueven droga, vehículos, armas o emigrantes clandestinos. Hay «conexiones múltiples entre ellos», reconoció Medelci en su discurso antes de que la sesión continuara a puerta cerrada.
Pero en la reunión de Argel no ha estado presente Marruecos, otro país también concernido pero que se lleva mal con su vecino y organizador del evento. El conflicto del Sahara Occidental tiene la culpa. La ausencia de Rabat refleja que los engranajes están oxidados.
El reino alauí protestó por no haber sido invitado y lamentó en un comunicado la actitud de «exclusión» de Argelia ante una «amenaza común» que exige una «respuesta concertada y colectiva».
Última crisis regional
Las diferencias no son sin embargo sólo históricas, como las de los dos vecinos magrebíes. Argelia y Mauritania retiraron a finales de febrero sus embajadores de Bamako, capital de Malí, después de que este país aceptara la exigencia de Al Qaida de canjear a cuatro de sus hombres presos por un rehén francés.
El presidente malí, Amadou Toumani Touré, se negó a ello en un principio pero acabó aceptando por presiones de París. Este fue el detonante de la última crisis regional que ahora tratan de enfriar.
Touré se quejó hace tres semanas de que Argelia desoía los llamamientos que había realizado desde 2006 para aunar fuerzas. La reunión de ayer dibuja, al menos en teoría, un nuevo panorama.
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