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Tras diez meses de investigaciones, la Policía ha esclarecido el espeluznante crimen de un colombiano cuyo cadáver apareció seccionado entre Arroyomolinos (Madrid) y Talavera de la Reina, poblaciones distantes unos 200 kilómetros, en abril del pasado año.
Los asesinos no tuvieron ninguna compasión por la víctima, casada y con familia en Colombia, que fue torturada y desmembrada antes de morir por una deuda de droga. Además, los verdugos ocultaron la cabeza y las falanges de ambas manos para dificultar la identificación del cadáver.
Tres narcotraficantes también colombianos -uno de ellos trabajó como carnicero en su país- han sido detenidos en Azuqueca de Henares (Guadalajara) por estos hechos, acusados de la muerte y el descuartizamiento de la víctima. A dos de ellos se les imputa también un delito contra la salud pública, ya que la Policía halló una considerable cantidad de cocaína en sus domicilios.
Restos congelados
Desde un principio, los investigadores apuntaron al ajuste de cuentas como probable motivo del crimen. Los indicios eran irrefutables para mantener esa hipótesis, dada la crueldad con la que se había tratado a la víctima, totalmente desmembrada.
Los primeros restos -un brazo y una pierna- aparecieron el 3 de abril en el término municipal de Talavera de la Reina, concretamente en una cuneta de la carretera CM-4101, a la altura del cruce de Talavera la Nueva. Tanto el brazo como la pierna estaban todavía congelados cuando fueron encontrados, de lo que se deduce que al menos estos miembros fueron introducidos en un congelador después de asesinar a la víctima.
Al día siguiente se halló el tronco del fallecido seccionado por la mitad en un paraje boscoso de Arroyomolinos (Madrid). En el torso eran evidentes síntomas de tortura, con pinchazos, desgarramientos y cortes de tanteo, de lo que se podría inferir que el autor o autores de diseccionar el cuerpo dudaron en el trazo al hacer los cortes.
Pero faltaban la cabeza, que nunca apareció, y las yemas de los dedos. La Policía tuvo que reconstruir el puzzle incompleto que era el cadáver. Para identificarlo, se emplearon complejas técnicas científicas y fue esencial la colaboración de un sobrino de la víctima, que había denunciado su desaparición. Y la compañera sentimental del fallecido, que se encontraba en Colombia, viajó a España al conocer la noticia del asesinato.
De las investigaciones se encargaron agentes de la Comisaría General de Policía Judicial. Identificado el cadáver, los investigadores del grupo de homicidios de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) Central recopilaron numerosa información de la víctima y de su círculo de relaciones.
«Oficina de cobro»
Finalmente, los policías centraron sus pesquisas sobre tres narcotraficantes colombianos, quienes habían adoptado fuertes medidas de seguridad por miedo a sufrir represalias por parte de organizaciones criminales dedicadas al tráfico de estupefacientes.
Durante la investigación, salieron a luz los bajos fondos del narcotráfico colombiano en España. Los tres detenidos, con antecedentes policiales por tráfico de estupefacientes y robo, tenían una «oficina de cobro» en la que recaudaban dinero de la droga para grupos de narcotraficantes del país sudamericano. Se cree que la víctima les pudo robar droga y los arrestados se tomaron la justicia por su mano, aunque no se trata de un crimen al uso cometido por sicarios. Uno de los detenidos había sido carnicero en Colombia, lo que explicaría algunos cortes limpios que presentaba el cadáver desmembrado, que luego congelaron por partes.
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