El dibujante e ilustrador barcelonés publica «Yo, otro libro egocéntrico de Juanjo Sáez», recopilación de tiras publicadas en los últimos años y autobiografía repleta de ironía y autocrítica
¿Quién es Juanjo Sáez?
Juanjo Sáez (Barcelona, 1972). Descendiente de un pastelero, se ha convertido en dibujante profesional y estrella de la nueva cultura underground barcelonesa. Estudió en la Escuela Massana y fue en esa época cuando, junto a unos amigos, lanzó el fanzine Círculo primigenio, una publicación que le abrió las puertas del mundo de la ilustración, el humor y la crítica gráfica. Es autor de varios trabajos publicitarios para marcas internacionales por los que ha recibido un justo reconocimiento a su talento: obtuvo el primer premio en el Festival de Publicidad de San Sebastián y dos premios oro en el Festival Internacional de Publicidad de Cannes. En la actualidad colabora en varias publicaciones: El Periódico de Catalunya y Rockdelux, aunque su trayectoria profesional despegó en revistas gratuitas de tendencias: AB, .H, entre otras. También es autor de cuatro libros, Buenos tiempos para la muerte (Morsa, 2000), el libro infantil Dentro del sombrero (Kónikos, 2001) y Viviendo del cuento (Reservoir Books, 2004) yEl Arte (Reservoir Books, 2006).
«Yo»
Autor: Juanjo Sáez
Editorial: Mondadori (Reservoir Books)
Barcelona, 2010
232 páginas
20, 90 euros
Editorial: Mondadori (Reservoir Books)
Barcelona, 2010
232 páginas
20, 90 euros
Publicado
Martes
, 16-03-10 a las 19
:
28
Una gigantesca bola de presidiario con la palabra moda impresa en el centro, un monigote con flequillo y gafas de pasta encadenado a ella y una frase, solo una, en la que puede leerse: «Esto empieza a pesar demasiado». Así de simple y, al mismo tiempo, así de efectivo.
Porque, como escribía en su anterior libro, «El arte. Conversaciones imaginarias con mi madre», lo sencillo es mejor. Y si hay una palabra que sirva para describir el trabajo del dibujante e ilustrador Juanjo Sáez (Barcelona, 1972), ésa no es otra que sencillez.
Porque, como escribía en su anterior libro, «El arte. Conversaciones imaginarias con mi madre», lo sencillo es mejor. Y si hay una palabra que sirva para describir el trabajo del dibujante e ilustrador Juanjo Sáez (Barcelona, 1972), ésa no es otra que sencillez.
Lo sencillo, una vez más, es mejor. Aparentemente, claro, porque tras esos dibujos cabezones y sin ojos, a menudo trasuntos del propio autor, se esconden reflexiones sobre la madurez, el paso del tiempo, la vida cotidiana y la modernidad barcelonesa. Tema universales y recurrentes de los que da buena cuenta «Yo, otro libro egocéntrico de Juanjo Sáez» (Reservoir Books-Mondadori), álbum recopilatorio que, como «Viviendo del cuento», agrupa algunas de las tiras que el ilustrador catalán ha ido publicando en los últimos años en diarios y revistas como «Rockdelux».
«De vez en cuando, me gusta ordenar y hacer limpieza para poder sacar conclusiones y cerrar etapas», explica Sáez -o, mejor dicho, el muñeco que hace de Sáez- al principio del libro. «Ha llegado el momento de evolucionar, de cambiar. A nivel personal, creo que me tengo que quitar muchas tonterías de encima», añade el Sáez de carne y hueso.
Evolucionar es, pues, la palabra clave. Atrás quedan aquellos tiempos en los que Sáez era visto como el azote de los modernos y conocido por sus pullas a Jordi Labanda, a los esclavos de las tendencias y, en general, a todo lo que oliese a «cool». «Lo modernidad barcelonesa lo que tiene es que es muy graciosa –explica-. Siempre puedes ironizar sobre ella. Pero que te encasillen te limita y no te deja evolucionar. La gente te acaba pidiendo siempre lo mismo». De ahí que «Yo» vaya más allá de las ideas para un mundo moderno y recoja tiras políticas y sociales mientras el propio Sáez se deja psicoanalizar cruelmente por su álter-ego. «La autocrítica es una forma de protegerte, sí, pero también sirve para pensar en lo que haces y sacar conclusiones. Me preocupa mucho convertirme en alguien autocomplaciente», explica.
Atípica autobiografíaConstruida como una atípica autografía garabateada y coloreada, Sáez explica en «Yo» desde sus propias inquietudes e inseguridades hasta cómo le echaron de casi todos los diarios para los que trabajó –de uno de ellos, por arremeter contra el establishment de la canción catalana diciendo que la única canción que conocía de Raimon era… «Mediterráneo»-. «No he tenido demasiada suerte con la prensa», relativiza el dibujante, inmerso ahora mismo en la creación de la segunda temporada de «Arròs Covat», serie de animación de la televisión pública catalana que, contra todo pronóstico, se acabó convirtiendo en un auténtico fenómeno en internet.
«De vez en cuando, me gusta ordenar y hacer limpieza para poder sacar conclusiones y cerrar etapas», explica Sáez -o, mejor dicho, el muñeco que hace de Sáez- al principio del libro. «Ha llegado el momento de evolucionar, de cambiar. A nivel personal, creo que me tengo que quitar muchas tonterías de encima», añade el Sáez de carne y hueso.
Evolucionar es, pues, la palabra clave. Atrás quedan aquellos tiempos en los que Sáez era visto como el azote de los modernos y conocido por sus pullas a Jordi Labanda, a los esclavos de las tendencias y, en general, a todo lo que oliese a «cool». «Lo modernidad barcelonesa lo que tiene es que es muy graciosa –explica-. Siempre puedes ironizar sobre ella. Pero que te encasillen te limita y no te deja evolucionar. La gente te acaba pidiendo siempre lo mismo». De ahí que «Yo» vaya más allá de las ideas para un mundo moderno y recoja tiras políticas y sociales mientras el propio Sáez se deja psicoanalizar cruelmente por su álter-ego. «La autocrítica es una forma de protegerte, sí, pero también sirve para pensar en lo que haces y sacar conclusiones. Me preocupa mucho convertirme en alguien autocomplaciente», explica.
Colaborador habitual de la revista «Rockdelux», donde cada mes transforma canciones en historietas y viñetas, Sáez reconoce que, por tópico que suene, es algo así como un músico frustrado. «Soy muy torpe como para tener un grupo, así que me dedico a otra cosa que tenga que ver más o menos con la música», explica. «La música me parece el arte más elevado, abstracto y con mayor capacidad de emocionar», señala. Normal, pues, que su camino se haya cruzado con el de algún artista y le hayamos visto ilustrando el cómic que acompaña a «Principios básicos de astronomía», álbum que Los Planetas publicaron el año pasado. «Me impresionó mucho trabajar con ellos -confiesa-. Soy muy fan del grupo y, en cierto modo, eso me acabó distanciando. Me daban mucho respeto y eso me impidió mantener una relación de amistad».


