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Otro atunero español ha sido víctima de un ataque pirata en aguas del Índico, aunque en esta ocasión los corsarios no lograron su objetivo gracias a la rápida reacción de los cuatro agentes de seguridad privada que acompañan a los pescadores. Los hechos tuvieron lugar ayer por la mañana, en aguas jurisdiccionales de Seychelles, una zona «supuestamente segura», según han explicado a Ep tanto el patrón del barco como un portavoz de la empresa armadora, Inpesca, con sede en Bermeo (Vizcaya).
El «Txori Argi» -entre cuyos 29 tripulantes hay 14 gallegos, tres vascos (incluido elpatrón) y marineros procedentes de Seychelles, Ghana, Senegal y Madagascar- había abandonado su base en el archipiélago de Seychelles hace dos días y se hallaba a unas ochenta millas de distancia de su isla principal. Eran las diez de la mañana cuando, según relata el patrón, Santi Gamboa, los agentes avistaron con prismáticos un barco «sospechoso» a unas ocho millas del atunero.
Ante la incertidumbre, empezaron una maniobra para alejarse de esa embarcación. Pero «un minuto después vieron dos lanchas aproximándose rápidamente». En cada una de ellas había cuatro personas. Cuando los esquifes se encontraban a dos millas del «Txori Argi», los vigilantes efectuaron una primera ráfaga de disparos de advertencia. Pero los piratas no se dieron por aludidos y siguieron acercándose.
La segunda ráfaga, apuntando delante de las proas corsarias tal y como establece el protocolo de seguridad, se produjo cuando la distancia con el atunero era ya de apenas una milla. Fue entonces cuando los piratas, que no llegaron a disparar al pesquero, desistieron de su plan y dieron media vuelta, de regreso al buque nodriza.
Elegir nueva zona de pesca
Tras el ataque, el «Txori Argi» puso de nuevo rumbo a Seychelles, donde el patrón decidirá, ya «con la cabeza fría», dónde se dirigirán para reanudar la faena. Santi Gamboa aseguró que los hombres que forman su tripulación se encuentran «más tranquilos», aunque «con miedo de volver a encontrar algún otro barco pirata».
El patrón, que ayer vivió su primera experiencia con piratas, celebró que en el momento del ataque el pesquero no se encontrara ni faenando ni en pleno proceso de largar o recoger el aparejo porque «parados no habríamos tenido capacidad de maniobra».
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