
El concierto del desconcierto
«En 2010 lo celebraremos en otro lugar valiente y caliente», ha adelantado Miguel Bosé sobre la que será la tercera edición del concierto «Paz sin fronteras», auspiciado por el cantante colombiano Juanes y por él mismo, inspiradores también de las anteriores entregas. La primera tuvo lugar en el puente Simón Bolívar que une Colombia y Venezuela, y la segunda, celebrada en La Habana el 20 de septiembre de 2009, hizo correr ríos de tinta, pues buena parte de los sectores disidentes cubanos interpretaron la convocatoria como un abrazo al régimen castrista. Finalmente, el concierto fue uno de los más multitudinarios de la historia (asistió más de un millón de personas), y en él Bosé lanzó al aire buenos deseos: «Hoy estamos todos aquí cumpliendo un sueño de la concordia». Sin embargo, ahora desconcierta al trufar su evocación de aquel acto con ataques a la disidencia de Miami: «Con la reconciliación, se le acaba el negocio».
Publicado
Domingo
, 14-03-10 a las 08
:
25
Una cosa es cantar al cubalibre («ron con coca-cola», repetía machaconamente en su tonadilla «Don Diablo»), y otra muy distinta la libertad de Cuba, detalle aparentemente irrelevante para Miguel Bosé siempre que a él y a Juanes el castrismo les otorgue bula para organizar un concierto multitudinario como el que montaron en septiembre pasado en la plaza de la Revolución de La Habana. Una convocatoria («Paz sin fronteras») que obtuvo el «plácet» del régimen como baza de presión internacional contra el embargo estadounidense, claro.
Pero como el sectarismo suele ser más osado que contenido, Bosé no se limita ahora a aventar su rechazo —razonable y consecuente— al bloqueo económico, sino que también pone en duda los desmanes de la dictadura cubana («no se sabe cuánto hay de verdad y cuánto no») y, además, según adujo en el acto de presentación de su nuevo disco en la Casa de América, «represión hay en todas partes». Y lo ilustró con el ejemplo de Valencia, donde la Diputación ha retirado una exposición fotográfica molesta para el presidente de la Generalitat Francisco Camps. Igualito: es lo mismo una pataleta política de bajo vuelo en la España democrática que la negación sistemática de los derechos fundamentales. Así que Ayuntamientos de la Comunidad Valenciana que tenían previsto contratar galas del cantante le están dando la espalda. El primero, el de Torrevieja.
En suma, «Don Diablo» ha reactivado estos días su gastadísima munición política y aprovecha su proyección mediática so pretexto del disco para apuntalar el discurso de la farándula progre, fiel infantería del zapaterismo. «El PP es como un molusco pentacéfalo con tentáculos como medusas, y Rajoy una indigestioncilla», ha declarado a «El País». Y ejerce además de exégeta de cuanto se cuece en la calle Génova: «El Partido Popular es pentacéfalo», desbrozó a CNN+, para a renglón seguido identificar a Esperanza Aguirre (a quien compara con la republicana Sarah Palin) como cabeza del «ala ultraconservadora». Tampoco ha olvidado dar cobijo verbal al eximio cómico Willy Toledo, el que se ha ganado su cuarto de hora de fama al echar basura dialéctica sobre el cadáver del disidente cubano Orlando Zapata, fallecido en prisión. A rebufo de esa polvareda, Bosé ha manifestado que no conoce a Toledo, pero que le parece «una persona lúcida y ponderada».
Combustible para tanta ignición no le falta, después de que en abril de 2004 —ya defenestrado el PP— declarara que sentía «mucha rabia contra una clase política que gracias a Dios ya se marchó». Comprometido en primera línea durante los meses convulsos del «No a la guerra», Bosé es uno más de quienes no se sintieron resarcidos por la victoria electoral de los socialistas y quedaron anclados en una obsesiva fijación contra José María Aznar, sobre quien dijo al «Corriere de la Sera» que, si tuviera que cenar con un enemigo, lo haría con él «con espíritu antropológico, para ver cómo se comporta. Como si lo hiciera con una jirafa». Fue un derrape innecesario coincidente con la presentación de su anterior disco, «Papito». Ahora reedita la estrategia en forma de palabras extemporáneas con motivo del estreno de su nuevo trabajo.
El vínculo del intérprete de «Linda» con el PSOE es patente desde hace años, e incluso fue aún más estrecho que ahora en los estertores del felipismo, cuando presentó el mitin de cierre de campaña de 1996. Lo que no le impidió resultar agraciado durante los primeros años de gobierno del PP con el programa «Séptimo de caballería», carísima superproducción musical a su medida en la televisión pública.
Casi tres lustros después, el niño que jugó sobre las rodillas de Picasso preserva la pátina de intelectual de izquierdas y aprovecha el barniz que le viene de casta (Dominguín-Bosé) para suplir con innegable carisma y presencia física su falta de voz, que no de voto. Su papeleta o papelón es siempre el mismo, el de azote de imperialistas y ultramontanos, aun a riesgo de convertirse en defensor de sátrapas. Bosé ha sabido construir su personaje, lleva vendidos más de doce millones de discos y se siente más un estómago convencido que agradecido. Por cierto, ¿alguien conoce sus nuevas canciones?



