Carla Bruni-Sarkozy, delante de un cartel de Benjamin Biolay, tras depositar hoy su voto en París /AP
Las regiones decepcionan profundamente a los electores franceses, cuya histórica abstención masiva, en torno al 53 por ciento, en la primera vuelta de las elecciones regionales de ayer, relativiza parcialmente la victoria anunciada de la izquierda socialista y el voto de castigo sufrido por el partido de Nicolas Sarkozy.
Ayer se abstuvieron más de 22 de los 42 millones de electores franceses. Esa abstención obedece a tres tipos de razones: desinterés por una elección que se considera «poco importante» (en comparación con las elecciones nacionales y presidenciales); decepción hacia Nicolas Sarkozy; y escasa confianza en la izquierda socialista, que ya era mayoritaria en las regiones y debería conservar su mayoría o perder alguna región, la semana que viene.
Según las estimaciones de TF1 (primera cadena de TV, privada) y RTL (primera cadena de radio, privada), estos pudieran ser los resultados provisionales de la primera vuelta: Partido Socialista (PS), 30 por ciento de los votos nacionales; Unión por un Movimiento Popular (UMP, centro-derecha), 26,7 por ciento; Europa Ecología, un 12,3 por ciento; Frente Nacional (FN, extrema derecha), 12 por ciento; Frente de Izquierdas (PCF y disidentes socialistas), un 6,2 por ciento; MoDem (centro), un 4 por ciento). Tales resultados provisionales, relativizados por la abstención masiva del 53 por ciento, dibujan un confuso paisaje político nacional.
El PS es el partido más votado. Pero tendrá que negociar con los ecologistas, los disidentes socialistas y el PCF para poder conservar bastantes de las 20 de las 22 regiones donde ya gobierna desde el 2004. Conseguir el 30 por ciento de los votos es un excelente resultado, que no prejuzga nada: hace seis años, el PS ya consiguió una victoria masiva, pero perdió las grandes elecciones nacionales y presidenciales del 2007.
La UMP de Sarkozy sufre de la abstención masiva de las clases medias, decepcionadas e inquietas. Sin aliados, ni al centro ni en la extrema derecha, el partido presidencial sufre de una abstención histórica. Y espera recuperar algún terreno durante los próximos días.
En busca de alianzas
Por su parte, el centro y las extremas izquierdas han sido globalmente laminadas: el MoDem (centro) de François Bayrou queda hundido en un irrisorio 4 por ciento. Mientras que ninguno de los partidos trostkistas ha conseguido más allá de minúsculos 1 ó 2 por ciento de votos. A la extrema derecha, el FN de Jean-Marie Le Pen consigue un significativo 12 por ciento: pero sólo tiene un poder de «destrucción» y es impensable ninguna alianza con la UMP de Sarkozy, Le Pen sólo puede destruir a los candidatos del partido presidencial.
Globalmente, las izquierdas son mayoritarias en la primera vuelta electoral. Al mismo tiempo, la abstención masiva del 53 por ciento deja sin respuesta muchas preguntas esenciales.
Martine Aubry, líder del PS, hace una lectura ideológica de la abstención y la victoria del PS: «Los electores quieren otra forma de gobernar. Nosotros encarnamos la esperanza: de ahí la necesidad de la movilización permanente, para confirmar nuestra victoria el domingo que viene».
François Fillon, primer ministro, estima, por el contrario, que la abstención ilustra el cansancio y el «desinterés» de los electores por una administración regional que no consigue suscitar el interés popular.
El domingo que viene, la segunda y decisiva vuelta todavía matizará los resultados de la primera vuelta. Queda en suspenso una larga semana de negociaciones a tumba abierta.




