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Polémica en Estados Unidos por la nominación del semanario sensacionalista «National Enquirer» para los premios de periodismo más prestigiosos
Actualizado Domingo , 14-03-10 a las 20 : 53
En las cajas registradoras de los supermercados de EE.UU. se suelen emboscar golosinas y publicaciones más o menos sensacionalistas. La idea es dar gusto con calorías bastante vacías al público cautivo que hace cola para pagar la compra. De todos los tabloides de "supermarket", el "National Enquirer" es el más notorio. Especializado en escándalos sexuales, vende un millón de ejemplares. Y para colmo, compite en la próxima edición de los premios Pulitzer.
Dentro de una mayuscula polémica en el mundo periodístico americano, los responsables de los galardones más prestigiosos han considerado que el "National Enquirer" es una publicación legítima que tiene derecho a competir por estos premios instituidos en memoria del legendario editor Joseph Pulitzer (1847–1911). Y además, le han permitido entrar en dos prestigiosas categorías: periodismo de investigación y cobertura de noticias nacionales.
Como mérito, el "National Enquirer" ha presentado la saga de John Edwards. Ya que el tabloide llevó la voz cantante a la hora de documentar que el ex senador y candidato presidencial engañó a su esposa enferma de cáncer con una ayudante de su campaña. Relación que produjo una niña. Una noticia realmente bomba que el resto de la Prensa convencional optó por ignorar olímpicamente en virtud de prudentes consideraciones.
A partir de esas revelaciones, Edwards ha tenido que admitir gradualmente todo su enredo, reconocer a su hija ilegítima, y enfrentarse a una petición de divorcio por parte de su mujer. Por supuesto, sus perspectivas políticas han quedado convertidas en cenizas. Y de propina, la Justicia federal le investiga por pagos electorales indebidos para su amante, Rielle Hunter.
La primera reacción del comité de los Pulitzer ante esta candidatura tóxica fue de rechazo, a tenor de la poco ética fama que tiene ese tabloide de hacer periodismo de chequera, es decir pagando a sus fuentes. Pero Barry Levine, director ejecutivo del "Enquirer" en Nueva York , ha prevalecido al argumentar que ningún informante recibió dinero por la cobertura del caso Edwards. Con insistencia en que la exclusiva se logró "gracias a reporterismo de la vieja escuela, cultivando fuentes, mirando documentos y haciendo seguimientos sobre el terreno".
Dentro de su comentada campaña, Barry Levine incluso ha argumentado que "si Joseph Pulitzer estuviera todavía vivo, nos respaldaría". Aunque para el director del "National Enquirer" ganar un Pulitzer va mucho más allá de lograr un premio en forma de medallón. Sería una vindicación contra el esnobismo de los medios de comunicación "serios", empeñados en no reconocer los éxitos de un tabloide de supermercado.
El palmarés del "National Enquirer" incluye la publicación en 1987 de la catastrófica foto del candidato presidencial Gary Hart con la joven Donna Rice sentadita en sus rodillas. En la década de los noventa, el “Enquirer” llegó a aliarse con la respetable revista “Time” para adquirir la foto sin precio de Bill Clinton abrazando a una Mónica Lewinsky con boina en los jardines de la Casa Blanca. Además de múltiples exclusivas durante el serial de O.J. Simpson, el deportista negro acusado y absuelto de asesinar a su esposa y a un amigo.
En el 2001, el tabloide sacó a la luz que un hermano de Hillary Clinton había recibido una envidiable comisión de 400.000 dólares por el encargo de conseguir un perdón presidencial para un hombres de negocios en apuros. Y para rematar, ese mismo año confirmó también que el casado reverendo Jesse Jackson había tenido una hija con una joven ayudante.
Entre la profesión periodística no han faltado críticas a la mera nominación de una publicación de este tipo para los Pulitzer. Entre reproches de que suena parecido al nombramiento de Al Capone como director del FBI. Pero irónicamente desde las páginas del "New York Times", Barry Levine ha sentenciado: "Creo que somos los bárbaros a las puertas. Nos desprecian pero les hemos vencido a su propio juego".
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