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ABC.es repite el itinerario en Cercanías de decenas de víctimas del 11-M
VÍDEO: JAVIER ESTEBAN LORING
Actualizado Jueves , 11-03-10 a las 16 : 36
Son las siete de la mañana en la estación de ferrocarril de Alcalá de Henares y hoy, seis años después, el recuerdo del 11-M está muy presente. A las puertas de la estación, junto al monumento a las víctimas que la preside, varias decenas de velas y algún ramo de flores recuerda a los más despistados la trágica efeméride. Apenas pasados un par de minutos en el horizonte se divisa ya el tren que viene desde Guadalajara y cuyo destino es Atocha y Chamartín. El andén está concurrido por alrededor de una veintena de personas que accede al convoy. Un convoy que nunca llegaría a su destino en 2004.
Todavía faltan unos minutos para que la vorágine de la hora punta lo invada todo, de manera que dentro de los vagones hay asientos de sobra. No hace falta indagar mucho para localizar a viajeros que tengan recuerdos grabados de aquél día. «Yo había salido de casa algo antes. Recuerdo las primeras informaciones que hablaban de atentado, pero esa mañana al principio nadie pensaba que fuera a ser una cosa tan grave. La cifra de víctimas fue aumentando y aumentando», expone un viajero.
La Garena, Torrejón, San Fernando, Coslada, Vicálvaro, Vallecas... Próxima estación: Santa Eugenia. En el trayecto, una señora rondando los 70 años cuenta que ella se salvó porque madrugó más de la cuenta aquel día. Sin embargo, como la mayor parte de madrileños, recuerda lo complicado que se hizo volver a coger el tren los meses siguientes. «Había mucho miedo, la gente iba pendiente de todo lo que le rodeaba, de los bártulos, de quién subía y bajaba. Todavía cuando se para el tren me quedo un poco...», suspira.
Apenas un par de minutos separa Santa Eugenia de la estación de El Pozo, donde desde los vagones se divisan ya ramos de flores en los bancos del andén. En la popular barriada vallecana todos recuerdan el tremendo estruendo que causaron las dos bombas que estallaron aquél día en la estación. «Generalmente cojo el tren, pero aquél día fui a trabajar en metro» -comenta una viajera-. «Tengo todavía en la cabeza el sonido de la explosión, aunque lo atribuí a petardos en un primer momento. En el metro ya explicaron lo sucedido porque tuvieron que cortar algunas líneas. Cuando llegué a trabajar y me dijeron que una de las bombas había estallado en El Pozo me quedé alucinada. Mis vecinos, mis conocidos... todos cogen esos trenes cada día», recuerda.
Después de El Pozo, y una vez pasada la estación de Entrevías, el convoy disminuye la velocidad a escasos metros de Atocha. Si el viajero permanece atento al margen derecho del tren se topa de bruces con el polideportivo Daoíz y Velarde, que acogió a las primeras víctimas del atentado. Unos segundos después se hace visible la calle Téllez. El reloj marca las 07:39. Un día como hoy hace seis años cuatro mochilas bomba acabarían de explotar destrozando aquél tren que cogimos en Alcalá de Henares.
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