El catastrófico terremoto del 26 de febrero obliga al nuevo jefe del Estado a centrar su mandato en la reconstrucción del país
Sebastián Piñera recibirá hoy el testigo de la Presidencia de Chile. La fecha y la herencia inmediata a recibir será mucho más pesada de lo que nunca imaginó. El hombre que ha roto con veinte años de gobiernos de la Concertación (alianza de centro izquierda), deberá reconstruir, material y socialmente, buena parte de un país devastado por el azote de la naturaleza.
El terremoto de 8.8 de intensidad en la escala de Richter, seguido de un maremoto, registrado el pasado 26 de febrero en la mitad sur de Chile, dejó tras de sí cientos de kilómetros de destrucción. Ciudades y pueblos, prácticamente enteros, quedaron arrasados. Las escenas registradas en la costa del Pacífico y en ciudades capitales como Concepción y Constitución, eran similares a las de un bombardeo o un huracán. Según el Gobierno de Michele Bachelet, las pérdidas en todo el territorio ascienden a treinta mil millones de dólares, equivalente al 15 por ciento del PIB de Chile. El tiempo para poner en pie el país no será inferior a tres o cuatro años.
Rumbo nuevo
Condicionado por esta catástrofe, el programa de Gobierno que tenía previsto Sebastián Piñera se ha venido abajo. El primer candidato de centro derecha en recuperar el poder desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90) se verá obligado, en este contexto, a aparcar proyectos ambiciosos como la ampliación de una red hospitalaria y de centros escolares, entre otros.
Con el cambio de planes por la catástrofe, el nuevo presidente ha convocado a trabajar a toda la ciudadanía y ha empeñado su palabra en la reconstrucción. «Manos a la obra», animó Piñera, cuyo mandato dura hasta el 2014.
Con la mochila de la reconstrucción a sus espaldas, el presidente de Coalición por el Cambio (alianza de centro derecha) apostará todas las fichas a una administración que puede garantizar el poder a su bloque durante dos legislaturas consecutivas. La catástrofe no ha generado desconfianza en Chile, un país con las cuentas en orden y con fácil acceso a los créditos internacionales. Célebre por su capacidad de reacción y gestión, si Piñera logra el objetivo de la reconstrucción de Chile, que la mayoría da por seguro, la Concertación tendrá difícil recuperar el poder aunque los sondeos adjudiquen hoy a Bachelet un respaldo popular del 80 por ciento.
Ernesto Aguila, director ejecutivo del Instituto Igualdad, centro afín al Partido Socialista, recordaba ayer en el diario «La Tercera» el declive en el que entran los ex presidentes y su dificultad para volver a ganar unas elecciones. A su juicio, los gobiernos que les suceden se esfuerzan en destruir su imagen para cortarles el paso. La ahora ex presidente Bachelet lo sufre ya con «la crítica al manejo de las múltiples situaciones derivadas del terremoto».


