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Viernes
, 12-03-10 a las 11
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Felipe Massa espera repanchingado en el autobús último grito de Ferrari. Luce su atuendo habitual, publicitaria camiseta roja, pantalón vaquero desteñido, zapatillas deportivas y una gorra roja y blanca. Espera el turno sentado frente a un ordenador y rodeado de última tecnología. Mini-despachos que arrojan datos en portátiles, claro, de color rojo.
Es el nuevo compañero de Fernando Alonso, su primer rival y su socio en Ferrari. Un tipo tajante, al que le gusta decir la primera y la última palabra, sin discusiones ni añadidos. Un piloto que estuvo a punto de ser campeón del mundo en 2008. Le sobró una curva, la penúltima en Interlagos, la que otorgó el título a Hamilton y de la que no quiere ni acordarse. De su vida, de Alonso, de ese giro, charló con ABC a pocas horas del comienzo del Mundial en el desierto de Bahrein.
Es el nuevo compañero de Fernando Alonso, su primer rival y su socio en Ferrari. Un tipo tajante, al que le gusta decir la primera y la última palabra, sin discusiones ni añadidos. Un piloto que estuvo a punto de ser campeón del mundo en 2008. Le sobró una curva, la penúltima en Interlagos, la que otorgó el título a Hamilton y de la que no quiere ni acordarse. De su vida, de Alonso, de ese giro, charló con ABC a pocas horas del comienzo del Mundial en el desierto de Bahrein.
—Es piloto en un país de futbolistas. ¿Por qué piloto?
—Soy piloto en un país de pilotos. De fútbol y de pilotos, porque si analiza nuestro pasado en la Fórmula 1 es algo increíble.
—También. Pero el fútbol es casi religión en Brasil.
—Es cierto que el fútbol es el primer deporte de mi país, pero también es verdad que la presencia de pilotos brasileños en la Fórmula 1 ha sido siempre relevante.
—¿Pilotar fue su gusto particular o había mucha tradición en su familia?
—Un punto de tradición familiar sí que había porque mi padre era piloto por diversión. Y yo, de pequeño, le fui a ver en numerosas ocasiones a las pistas. Veía las carreras y me enamoré de las máquinas.
—¿Es un tipo de válvulas desde edad temprana?
—Me enamoré muy pronto de las motos. De pequeño tenía una motocross, pero mi padre consideró que eso era un poco peligroso y me apuntó a los «go karts». Y desde el primer día que cogí un volante, me dí cuenta de que eso era lo que quería hacer en la vida.
—¿En la tele de su casa se ponía el Mundial de fútbol o las carreras de Ayrton Senna?
—El Mundial de fútbol es una cosa importante y eso lo ve todo el mundo. Si hay un Mundial de fútbol en la tele, no vas a ponerte a ver las carreras. Pero si estaba en un día normal que no había Mundial de fútbol, prefiero ver las carreras. Siempre el motor, las carreras, la Fórmula 1. Es lo que más me gusta.
—…
—Una cosa que me gustaba mucho era conservar en cintas de vídeo las carreras de mi padre. Ser piloto de Fórmula 1 era mi objetivo.
—¿Diría que su familia era acomodada?
—Era normal, vivíamos en un pueblo a 200 kilómetros de Sao Paulo.
—¿Y tuvo problemas financieros para desarrollar su carrera como piloto?
—Tuve muchísimos problemas económicos. Al principio, cuando empecé en «go kart», mi padre sufragó mi carrera. Pero cuando dejé esa categoría, mi familia ya no tenía dinero para apoyarme. Así que durante 1996 no pude correr.
—¿Y qué hizo?
—Pues nada. Me dediqué a ir a la escuela, que no a estudiar. Tenía quince años.
—¿Cómo siguió su carrera?
—Pues en el 97 la retomé en el «go kart» sin pagar por el volante. En el 98 encontré un sponsor con el que conseguí enrolarme en un equipo pequeño, pero potente. Y en el 99 continué corriendo y en el 2000 logré financiación para el campeonato italiano de Fórmula Renault. Pero éste tenía una pega. Si el dinero no me llegaba, no podía hacer la siguiente carrera.
—Mucho estrés, ¿no? Seguir vivo sólo si ganas…
—Pues así es. Pero con el empeño y los resultados logré salir adelante.
—Y que lo diga. También ha salido bien parado de un gravísimo accidente (el pasado verano, en Hungría)...
—Algo cambió en mi vida, aunque sobre todo de parte de mi familia. Vieron que no me sucedió nada. Y desde mi punto de vista, le di más valor a la vida y también a la gente que está conmigo. Mi madre, mis padres, mi mujer, mi hijo… Lo mejor es que todo quedó en un susto.
—¿Es cierto que su mujer le tenía que retener en la cama porque usted quería correr la próxima prueba?
—Sí, es verdad.
—¿Cómo era eso?
—Al principio, cuando tenía la cabeza malherida, yo pensaba que todo se pasaría y que podría correr en Valencia. Le decía a Rafaela (su mujer) que podría correr en Valencia y ella negaba, y me decía que no, que no era posible. Y yo pensaba para mí, una mujer hablando tan segura de coches, ja, ja, ja… Como diría yo eso… Hubo momentos en que parecía una guerra. Pero después los dos entendimos lo que había pasado conmigo y lo que sucedió finalmente fue lo más razonable.
—¿Qué le gusta hacer fuera de las carreras?
—Me gustan muchas cosas. Me gusta estar al tanto del mercado, de los negocios, de las empresas que he montado. Me gusta invertir bien el dinero que gano. Fuera de eso, me gusta estar en casa, hacer deporte, llevar a cabo una vida normal de una persona de mi edad. Y ahora me he asociado con un familiar para lanzar un campeonato de varias categorías en Brasil: uno, de Fórmula Fiat y otro, de turismos.
—¿Creía mucho en usted mismo?
—Lo más importante para convertirte en profesional, para llegar al top, es el talento. Por lo menos, al principio. Después viene el trabajo y la inteligencia. Y después, la capacidad de mejorar en cuestiones técnicas, de pilotaje…
—Pero, como tantos compatriotas suyos, tuvo que emigrar de Brasil a Europa.
—Es como en cualquier sitio. Si trabajas en un pueblo pequeño, terminas marchándote a la ciudad, a Barcelona por ejemplo, para progresar. La persona que llega del lugar pequeño, pensará veinticuatro horas en el trabajo y el que vive en la ciudad, no tantas. Cuando llegué a Europa con veinte años, me sucedió eso. Pensaba 24 horas en mi trabajo, cuando viajaba, en la oficina, en el coche…
—¿Piensa que Europa representa la comodidad y Surámerica la dificultad?
—No. No pienso eso. Pienso lo que he dicho antes. Si sales de un lugar y vas a otro, te entregas al cien por cien, como fue mi caso.
—¿Cuántas veces ha cruzado el Atlántico?
—Ni idea. Tantísimas…
—¿Qué hace cuando termina una carrera, se va a Sao Paulo?
—No. Yo vivo en Montecarlo durante la temporada europea. A Sao Paulo sólo voy en vacaciones.
—¿Ferrari es lo máximo a lo que se puede aspirar en la Fórmula 1?
—Para mí es el máximo como equipo, pero tengo que decir la verdad. El máximo es ser campeón del mundo de Fórmula 1. Es a lo que aspiro. Si preguntas a cualquier niño sobre su equipo preferido, te dirá Ferrari. He llegado al máximo, pero no estoy feliz al cien por cien porque quiero ser campeón.
—¿Quiere, como Fernando Alonso, que Ferrari sea su último equipo?
—Sé que estoy en el top. Si acabo mi carrera aquí será una historia bellísima porque Ferrari invirtió en mí desde el principio. Sería un honor. Pero tengo 28 años. Schumacher acaba de volver con 41. Habrá que ver si Ferrari me quiere...
—¿Qué cambia de Ferrari respecto a otros equipos?
—Ferrari no es una escuadra. Es un sueño. Tiene algo más que los demás, algo especial. Ferrari es el top en todos los aspectos. Para otros, ser cuarto es un éxito. Aquí no vale.
—¿Tiene algún defecto?
—Seguro. Todos los tenemos. Si no hubiese defectos, hubiéramos sido campeones en 2009. Siempre hay un defecto que te impide ser el mejor.
—Ya pudo ser campeón en 2008. ¿Piensa mucho en ello?
—Es la vida. Yo cumplí con mi deber. No debo pensar en lo que pasó hace dos años, sino en 2010. Si piensas en el pasado, no vives. El pasado es pasado.
—¿Habló con Glock (al que Hamilton adelantó en la última curva)?
—¿Por qué debía hacerlo?
—Por la curiosidad del ser humano, por saber…
—No. Porque no pienso que él hiciese cualquier cosa a posta. No hay nada que hablar con él.
—Ha corrido con Schumacher y ahora con Alonso. ¿Son muy diferentes?
—Son dos grandes personas totalmente diferentes. Fernando es como yo, en la forma de hablar y de hacer. Michael es más frío, es alemán. Me ha tratado siempre bien. Tiene un gran corazón y es mi amigo. Con Fernando estoy muy de acuerdo. Estamos en el inicio de la relación y espero que sea siempre así.
—¿Tienen claro que Ferrari está antes que ustedes?
—Cuando sales a una carrera, sales para ganar. No piensas sólo corro para Ferrari. Yo corro para Ferrari para ganar. También corremos para nosotros, pero con respeto. Eso es lo más importante. El respeto que nos tenemos es cien por cien.
—Todos los compañeros de Alonso han sufrido psicológicamente. ¿Es consciente?
—Espera. Fernando es un piloto bravísimo, pero yo siempre he corrido con pilotos bravísimos. Raikkonen, Heidfeld, Villeneuve, Fisichella, Schumacher… Es el cuarto campeón del mundo con el que voy a correr. No es que Ferrari no tuviera nivel y ha llegado Fernando. Ya había gran nivel. No estoy preocupado.
—¿Le ha sorprendido algo de Alonso?
—No. Me encuentro bien con él.
—¿Qué puede aportar a Ferrari?
—Su experiencia. Es una persona que sabe lo que dice.
—Ha sido padre primerizo. ¿Cómo lleva la velocidad con los pañales?
—No me afecta nada a mi profesión. Schumacher ha sido campeón con dos hijos.
—¿Puede volverse más conservador apartir de ahora?
—Ni hablar. Cuando me pongo el casco y me bajo la visera no me acuerdo de mi hijo, de mi madre, de mi mujer. No conozco a nadie. Sólo recuerdo lo que tengo que hacer en el coche.
—¿Es el Ferrari F10 un coche para ganar?
—Espero. Todo puede cambiar en el deporte, pero confío en que así sea.
—¿Alonso será su principal rival para el título?
—No. Será Alonso, Hamilton, Schumacher, Button, Vettel, Webber, Rosberg… También Williams. No corres contra uno, sino contra todos.
—¿Qué le parece el regreso de Schumacher?
—Es interesante. Hace tres años que no corría, tiene 41. Le acompaña el físico y tiene una gran mentalidad. Será un fuerte rival.
—¿Cómo afecta la crisis económica a un piloto de Fórmula 1?
—Si ves cómo era la F-1 antes y después de la crisis, se ve el cambio. Muchos equipos han salido (Honda, Toyota, BMW) y es un problema para todos. Muchos pilotos se han quedado sin volante.
—¿Y cómo ha sentido usted la crisis?
—Como todas las personas. La crisis es para todos, no es que unos estén fuera y otros, dentro. Gracias a Dios, yo la sufro menos porque tengo un contrato en una escuadra grande.







