El Madrid no ha aprendido de sus errores. Con diferentes entrenadores, con proyectos de diferente glamour y con mucho presupuesto, vuelve a quedarse fuera a las primeras de cambio
Iker Casillas
Jueves
, 11-03-10
La inversión de 250 millones de euros se va por el sumidero de Europa a las primeras de cambio. Ni Cristiano ni Kaká ni Xabi Alonso ni Albiol... La misma película de siempre. Los blancos se las prometían muy felices cuando quedaron emparejados con el Lyon. Casi todo el mundo despreció al conjunto francés y hablaron de goleada antes de medir las fuerzas en el campo. Cuando se rebasan los Pirineos pinta en bastos.
Y eso que la noche comenzó bien. Cristiano Ronaldo marcó en la segunda llegada del Real Madrid a los dominios de Lloris. El Santiago Bernabéu y los jugadores entendieron que la empresa podía ser sencilla. Los blancos se felicitaron por la primera diana. Pensaron en positivo. Se repartieron cargas y parabienes. Pintaba en oros. Tenían que aprovechar el posible nerviosismo del Olympique de Lyon para resolver la eliminatoria.
Sin embargo, este tipo de situaciones de euforia repentina se pueden volver en contra de los jugadores. El Real Madrid dispuso de clarísimas ocasiones que no materializaron Kaká, Higuaín o Cristiano... Y los nervios tomaron protagonismo en el encuentro cuando no se había llegado al descanso.
No puede reprimirse
CR llevó la voz cantante en la protesta. No puede reprimirse. Como el día del Almería. Falló un penalti, que posteriormente aprovechó Benzema, y no fue a celebrarlo con sus compañeros. O en el partido contra el Villarreal, cuando Xabi Alonso le birló la posibilidad de lanzar un penalti. También frunció el ceño el portugués.
Anoche entró al partido ligeramente sobreexcitado. Subió el nivel de sus pulsaciones porque acertó con el primer misil que envió contra Lloris. Es tan competitivo que en ocasiones pierde el sentido de su protesta. Con Higuaín se excedió en uno de los ataques de su equipo. Le recriminó con excesiva vehemencia que no le pasase el balón en lugar de chutar a portería. Un calentón que duró varias jugadas porque no paró de pedir explicaciones. Era la imagen de la impotencia porque no llegaba el segundo tanto.
Pero no fue el único que se desgañitó. Íker Casillas casi se come a sus compañeros cuando concedieron una falta lateral en la última jugada de la primera parte, consciente de que los franceses estaban identificados como especialistas en el juego aéreo. Con todo, la música de viento atronó desde la grada, hastiada de otro fracaso galáctico. Y ya van seis seguidos.





