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El técnico no goza de la confianza del presidente y su continuidad peligra, aunque la Junta no tomará medidas ahora
Jueves , 11-03-10
La continuidad de Manuel Pellegrini pende de un hilo. Del dedo justiciero. La falta de credibilidad del chileno desde hace tiempo y el batacazo ante el Olympique de Lyon puede cortar la cuerda por el lado más frágil, el del entrenador.
Pellegrini fue una apuesta de Jorge Valdano, aceptada a regañadientes por el presidente. El parto ya venía de nalgas porque el mandatario barajaba otros nombres, y, para rematar, el nuevo proyecto del Madrid quedó herido cuando se certificó la eliminación en la Copa del Rey. Los malos resultados en Sevilla (2-1), en el Camp Nou (1-0) y la caída en el «torneo del KO» a manos del Alcorcón, un Segunda B, con un 4-0 sonrojante en el encuentro de ida y sólo un 1-0 en el Bernabéu, pusieron al técnico al borde del abismo. Desde aquel instante, ha vivido con la espada amenazando su pecho.
Por entonces tomó cuerpo una teoría: el Madrid no puede con los grandes. Un análisis que se vio reforzado porque fue incapaz de ganar al Milan en los dos partidos de la liguilla (2-3 en el Bernabéu y 1-1 en San Siro).
Ni los siete triunfos consecutivos en la Liga ni la caza del Barcelona le concedieron un minuto de sosiego. Todas sus decisiones eran puestas en entredicho. El chileno había firmado un contrato por dos años, pero ya se habían encargado de filtrar que no estaba asegurada su continuidad aunque ganase la Liga. Nunca encontró una defensa fuerte en el club. Todo lo contrario. Sólo reproches en privado, que luego se traducían en portadas o editoriales.
Jorge Valdano tuvo que salir al rescate de su apuesta en varias ocasiones. La realidad es que con el Madrid fuera de la «Champions» y con el Barcelona merodeando la final del Bernabéu, su vida no será cómoda. Anoche estaba afectado. Con la voz rota y con los ojos rojizos, como si se hubiese hartado de llorar. No se escondió cuando se puso delante de los medios: «El primer culpable soy yo. No voy a renunciar. Es absurdo. No voy a dejar la lucha. Estamos amargados pero tenemos que seguir. No ha sido un problema físico. En la primer parte pudimos estructurar un marcador más amplio y en la segunda caímos en las acciones individuales».
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