Jueves
, 11-03-10
BARCELONA AL DÍA
JOAN Saura tiene un poco cara de opositor frustrado a Notarías, lo que le da un cierto aire de culpabilidad permanente y no es raro que todo el mundo pretenda descargar sobre sus hombros toda la nieve que cayó el lunes en Cataluña, y eso es algo completamente injustificado.
El consejero de Interior se ha movido rápido y ya ha encargado una investigación al respecto para descubrir los errores del engranaje que originaron el gran caos. Y si no se ha llegado ya, se llegará pronto a las siguientes conclusiones: la nieve venía de arriba, eso es evidente, y cayó con cierta velocidad y fuerza, pero no de un modo violento; es decir, era nieve, no una lluvia de meteoritos. La investigación también traerá otra certeza: la nieve cuajó como un bizcocho mal hecho, o sea, con prisas y apelmazada. Luego está la gente, que se entretiene en mirarla (¡qué bonito es ver nevar!) y ese embeleso trae una falta de diligencia que a su vez origina una ralentización de la vida en el pulso de la ciudad..., de ahí al caos sólo hay ya sólo un paso.
Como verán, saco al alcalde Jordi Hereu de todo este asunto de la gran nevada, pues bastante pitorreo se ha hecho ya con él a propósito de que era su espectacular arranque de presentación de la candidatura catalana a los Juegos de Invierno de 2022. Nada. Dejemos a Hereu fuera de esto, pues, además, ni siquiera tiene aspecto de haber opositado sin éxito a Notarías. Al hombre no se le va la cara de felicidad ni que caiga nieve ni que caigan ranas, como en «Magnolia»...
En cambio Joan Saura daba ayer la pinta de libro de Skármeta o de poema de Ángel González (unos años antes de que Skármeta escribiera su novela «Soñé que la nieve ardía», el poeta Ángel González hizo poema de la frase «No fue un sueño, lo ví: la nieve ardía»). En el caso de Saura, ni realidad ni sueño, pesadilla: el asunto le ha ardido en las manos.
Pero los soleados días de después licuaron la nevada de la capital y de paso las excusas del consejero a todos los que sufrieron el colapso originado por un temporal que estaba más anunciado que los gayumbos con el emblema del Real Madrid.
Una vez se sustancie la investigación y Saura haya descifrado que la nieve caía de arriba y que cuajó malamente y que la ciudadanía no corrió como si en vez de nieve fuera un miura, quizá haya llegado el momento de que hable con el vicepresidente Carod Rovira y que le organice un viaje a, por ejemplo, Berlín, donde este año ha nevado mes y medio seguido sin que la ciudad se enfrentara a su apocalipsis. Tal vez se llegue a la conclusión de que allí, como están acostumbrados, la gente no se para a ver nevar.


