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Miércoles , 10-03-10
A ver si va a ser que Miguel Bosé, cuando estuvo en Cuba por última vez en septiembre del pasado año, acompañando entre otros cantantes a Juanes y se las tuvo tiesas con las autoridades cubanas, terminó por olvidar los rifirrafes con jerifaltes castristas por un mojito jinetero de más, capaz de provocar la más dulce de las amnesias. No de otro modo pueden entenderse la declaraciones del actor y cantante en las que se ha mostrado tan condescendiente, o despistado, con lo que ocurre en Cuba, en donde, ha dicho, «siempre ha pasado de todo, y no se sabe cuánto hay de verdad y cuánto no. Si se habla de represión, en todos los países ocurre. Mira en Valencia, el caso Gürtel, o lo de la exposición de fotografías. Si todo eso no es represión…»
Bosé, que traduce por vomité y nunca hubo equivalencia más apropiada, no es tonto. Al menos no se le tenía por tal hasta ahora. Por tanto, su comparación no es estúpida, por más que lo parezca, sino ruin, canalla y espuria. Estando en puertas del lanzamiento de un nuevo disco, ha querido seguir los pasos de otro sujeto de su misma calaña, el tal Willy Toledo, que con tal de salvar la cara del régimen castrista (cara dura como ninguna otra), no ha tenido el más mínimo pudor en convertir en equidistantes un suceso desafortunado, pero que no pasa de ser una anécdota como la retirada de nueve fotos en una exposición, con la brutal y sangrienta represión de un régimen cuya última medalla —al mérito en la crueldad— ha sido la muerte del opositor Orlando Zapata, que prefirió la inanición y la muerte a la tortura, de la que no parecen haberse enterado el tal Willy y el tal Bosé por más que buena parte de los periódicos que se editan en España hayan dado cuenta del suceso.
Está en su papel la oposición socialista en la Comunidad Valenciana al tratar de sacar aceite del desafortunado ladrillo que ha supuesto la decisión —máximo desatino para tan nimia cuestión— de descolgar del MuVIM nueve fotos de un total de noventa y una, pero de ahí a hablar de censura franquista media un abismo.
Cuando el generalísimo, censura significaba que te quedabas sin la más mínima posibilidad de dar a conocer tu obra, ya fuese pictórica, obra teatral, novela o foto. Ahora, un diputado provincial puede meter la pata, y hacerlo hasta el corvejón como es el caso, y las fotos descolgadas pueden seguir viéndose en Internet, en distintos canales de televisión, en las web de diversos periódicos… porque esta censura, por fortuna, no es la misma, ni nada que se le parezca, a la de cuando mandaba Franco.
Bosé ya tiene una edad, y está lo suficientemente viajado, para no caer en el pecado de la estulticia tratando de competir con el gaznápiro de Willy Toledo, que parece se ha dejado obnubilar por la propaganda castrista, la misma que niega la existencia de presos políticos; asesinatos —y los ha habido por miles en estos cincuenta años— la tortura y la muerte en sus numerosos y pobladas cárceles.
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