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Jueves
, 11-03-10 a las 12
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La nueva oleada de jihadistas de verdad que no lo parece. ¿O no nos lo parece a nosotros, y así de caros vamos a pagar nuestros prejuicios? Para muchos habrá sido una lección de humildad –aparte de un buen susto- la detención en Estados Unidos de Colleen LaRose, una mujer de Pensilvania de 46 años, rubia, de ojos azules, y acusada de conspirar para atentar contra el artista sueco Lars Vilks por sus viñetas “injuriosas” contra el profeta Mahoma. También estaba dispuesta a mudarse a un país europeo y a casarse con un jihadista árabe para garantizarle así la estancia en la UE.
LaRose reclutaba terroristas y estaba a punto de recibir entrenamiento para matar ella misma. Alá es Grande y en Pensilvania más.
¿Qué impulsa a una ciudadana norteamericana a abrazar el islam no entendido como un acto de fe, espiritual y pacífico, sino como un acto de guerra contra el propio país? Colleen LaRose incluso se jactaba de que con sus pintas yanquis no era probable que la pararan en los aeropuertos ni la controlaran demasiado.
«Jihad Jane» o «Fátima LaRose» han sido algunos de sus nombres de guerra en la blogosfera jihadista, aunque ella lo negó todo ante el FBI, que hacía tiempo que le seguía la pista hasta que la detuvo en octubre pasado. Previamente habían interrogado a su novio, Kurt Gorman, que no sólo no sabía nada sino que tuvo que pasar por la experiencia de que Jihad Jane le abandonara al día siguiente de morir su padre (el de él). Y no sólo eso sino que se llevó “prestado” su pasaporte, con la idea de dárselo a un camarada jihadista que lo necesitara más.
Ironías aparte, el caso de Colleen LaRose pone los pelos de punta a los que estudian la evolución de la amenaza terrorista, nutriéndose de ciudadanos americanos, incluso de mujeres occidentales o muy occidentalizadas.
Hasta ahora los únicos precedentes eran los de Lynne Stewart, condenada por ayudar al prisionero Omar Abdel Rahman –el emir ciego- a comunicarse con sus seguidores y la científica paquistaní formada en Estados Unidos Aafia Siddiqui, declarada culpable de abrir fuego contra estadounidenses en Afganistán al grito de “muerte a los americanos”. Pero ninguna de ellas había aparecido asociada a un complot tan organizado como el que involucra a Jihad Jane, que ha provocado detenciones en varios países.



