Steve Martin y Alec Baldwin /REUTERS
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Publicado
Lunes
, 08-03-10 a las 18
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Las tradiciones son las tradiciones, pero cada año cuesta más trasnochar para ver la gala de los Oscar, que en su última edición fue especialmente sosa. ¿Pretendían que fuera el doble de divertida con dos presentadores? Quizá con Buena y Fuente en lugar de Martin y Balwin… La Academia de Hollywood debería enviar un emisario a nuestros resucitados Goya para aprender lo que es el ritmo y un sentido del humor desinhibido. En Los Ángeles escuchan esa palabra, les viene a la mente Janet Jackson y se echan a temblar.
En cuanto se supo que a Sacha Baron Cohen lo habían vetado por un chiste a costa de James Cameron (pretendía acusarle de haber dejado embarazada a una na’vi), se vio que la ceremonia iba a estar más encorsetada que nunca. Lo de menos es que se cargaran el chiste, que tampoco iba a provocar infartos. Ben Stiller, uno de los mejores cómicos que les quedan, hizo lo que pudo disfrazado de pitufo, en una delatora salida a escena en solitario.
Quién sabe lo que serán capaces de incorporar en próximas ediciones tras recurrir en los últimos años al falso directo, a la censura previa, al micrófono periscopio tipo 59 segundos, a la música anti-Michael Moore y a la prohibición de lloriquear sobre el Oscar. Con las cansinas dedicatorias a familiares y amigos han pinchado en hueso, pero ya se les ocurrirá un disparate nuevo.
Nuestra fiestaEn los Goya, hasta la providencial ausencia de publicidad acudió en ayuda de nuestra fiesta, en un escenario impensable en los Estados Unidos. De hecho, una de las cosas más interesantes para el telespectador americano fue poder ver el primer anuncio del iPad, mientras Steve Jobs calentaba asiento en el Teatro Kodak a cuenta de sus acciones en Pixar, una de las vencedoras.
El otro momento "estelar" fue la parodia de "Paranormal activity", que desde luego no era mejor que la de Buenafuente llegando tarde a los Goya en el taxi de Fernando Trueba. "Lloverá humor", había asegurado en la jornada previa el productor de la ceremonia, Bill Mechanic, quien se atuvo a su apellido hasta para poner fin a la función, con Tom Hansks abriendo el último sobre a toda velocidad, sin nombrar siquiera a los candidatos. O todavía quería ganar alguna apuesta o se jugaba un disparo como el que recibió Andreu en el Palacio de Congresos, pero esta vez de verdad.






