La directora Kathryn Bigelow /REUTERS
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Lunes
, 08-03-10 a las 15
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Hace unos años surgió en Estados Unidos un curioso movimiento de agitación cultural y hormonal llamado Guerrilla Girls con un eslógan algo populista pero con más razón que un santo (no varón, claro): “El Senado es más progresista que Hollywood: Senadoras, 9%. Directoras, 4%”. Luego se les iba un poco la pinza elucubrando sobre la simbología fálica, machista y hasta aria del Oscar, pero eso era otra historia.
Porque la verdad histórica es clara, candente y casi testosterónica: hasta que llegó el “huracán Kathryn”, sólo una directora acarició las formas masculinas de la preciada estatuilla: la holandesa (y feminista) Marlene Gorris, ganadora del laurel a la Mejor Película Extranjera por “Antonia's Line” (1995). Y sólo tres mujeres han sido nominadas como mejores directoras: Lina Wertmüller en 1977 por “Pasaqualino Settenelleze” (encima fue noqueada por el potro musculado de “Rocky”), Jane Campion por “El piano” (Spielberg fue su verdugo en 1993) y Sofia Coppola por “Lost in Translation” (cayó estrepitosamente ante Peter Jackson y sus anillos de oro).
Damas detrás de la cámara¿Marginación o simple reflejo de la realidad de una nación donde el feminismo tiene menos peso que el sonajero de Pocoyó, y de una industria donde el “corpus” de damas detrás de las cámaras es aún minoritario? Qué diferencia con históricas foráneas como la francesa Angès Varda, la canadiense Marie Dressler, la alemana Leni Riefensthahl, la belga Chantal Ackerman o hasta nuestra Isabel Coixet hoy en día.
Porque la verdad histórica es clara, candente y casi testosterónica: hasta que llegó el “huracán Kathryn”, sólo una directora acarició las formas masculinas de la preciada estatuilla: la holandesa (y feminista) Marlene Gorris, ganadora del laurel a la Mejor Película Extranjera por “Antonia's Line” (1995). Y sólo tres mujeres han sido nominadas como mejores directoras: Lina Wertmüller en 1977 por “Pasaqualino Settenelleze” (encima fue noqueada por el potro musculado de “Rocky”), Jane Campion por “El piano” (Spielberg fue su verdugo en 1993) y Sofia Coppola por “Lost in Translation” (cayó estrepitosamente ante Peter Jackson y sus anillos de oro).
Damas detrás de la cámara¿Marginación o simple reflejo de la realidad de una nación donde el feminismo tiene menos peso que el sonajero de Pocoyó, y de una industria donde el “corpus” de damas detrás de las cámaras es aún minoritario? Qué diferencia con históricas foráneas como la francesa Angès Varda, la canadiense Marie Dressler, la alemana Leni Riefensthahl, la belga Chantal Ackerman o hasta nuestra Isabel Coixet hoy en día.

La directora Sofía Coppola /ABC
Hablando de humillaciones de doble filo, tampoco olvidemos que sobre la ganadora Sandra Bullock recayó la sombra de la duda (y la rechifla) de acabar de obtener el premio Razzie a la peor actriz. A veces los dulces amargan un poco. Sea como fuese, quién le iba a decir a la autora de las poco femeninas “K-19”, “Días extraños”, “Le llaman Bodhi” o “Acero azul” que acabaría derribando uno de los muros de granito de una industria generalmente conservadora y hasta “carca”.

La directora Jane Campion /ABC






